La noche me respira en el cuello,
me marca su oscuridad
clavándose en las entrañas
como el surco de la tierra arada.
Inevitable, me hincó de rodillas
postrada ante sus rayos opacos
pidiendo ver a través
si no de ella, al menos de mí.
Nubes aletean a mis costados
que, hirientes, aspiran a colarse
entre los pliegues de mi carne
para colmarse de mi alma.
Ni una ni otras lo conseguirán,
me aferro al viento
que sé que abrirá mis alas
en el momento justo.
Y me aferro a ti
que tienes las manos abiertas
esperando
esperándome...
Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay

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