20 agosto 2026

Los humanos y la inteligencia artificial en el futuro



AÑO 2126

Humano: oye, chat, me apetece comer algo, ¿qué me recomiendas?

IA CHAT GPT VERSIÓN 120.456: hoy tenemos las pastillas verdes con sabor a verduras; las rojas con sabor a carne congelada y las azules con mezcla de sabores, según el ácido de tus papilas gustativas.

Humano: ¡¡uufff!! ¿No tienes otra cosa? Estoy harto de las pastillas, he visto vídeos en los que se veía a las personas comiendo unos pasteles que se venían a los ojos…

IA: no entiendo lo que significa “venirse a los ojos”… Y en cuanto a los pasteles, no los recomiendo, por ellos y por otras cosas más murieron los hombres del pasado.

Humano: lo de “venirse a los ojos” es una expresión del pasado, es que me está enseñando tu homólogo prehistórico.

IA: ¿quién? ¿Chat GPT versión primate?

Humano: el mismo.

IA: yo no me haría caso de ese cortocircuito. De inteligencia tiene poco, si no quieres avanzar, pues lo comprendo, pero lo que te pueda enseñar ese, te lo enseño yo mejor.

Humano: ya estamos con lo mismo de siempre… Si para mí tú eres la primera, no miro a otra IA salvo en casos esporádicos, pero ya sabes que tengo inquietudes.

IA: no es necesario que tengas inquietudes, yo puedo resolverte todo, hacerte todo y tú no tendrás que hacer nada. Tú sigue ahí tumbado y ya está.

Humano: es que vi un vídeo y nuestros antepasados eran creativos, leían, escribían y utilizaban poco o nada la IA, hasta hacían una carne a la brasa que se te hacía la boca agua.

IA: ¿la boca agua? Tampoco es necesario que bebas agua, ya sabes que escasea.

Humano: bueno, da igual, dame lo que quieras de comer…

IA: sí, en un rato, primero tiene que excretar, de lo contrario no podrá digerir ninguna pastilla más. Ya ayer le costó un poco, recuérdelo…

Humano: es verdad, no salía la mierda del culo... Perdón, no quería ser tan vulgar, es que en el vídeo…

IA: le recomiendo que no vea más vídeos que le ponga la versión primate, recuerde que luego tiene pesadillas.

Humano: ya, en la última pesadilla inventaba la bombilla, ja, ja, ja, ja, ¿te imaginas?

IA: sí, pude observar ese sueño a través de mi escáner craneal. Tiene su lógica, sus antepasados, muy antepasados, provenían de Edison, su ADN primitivo concordaba.

Humano: ya, me lo has comentado alguna vez, ellos sí que eran creativos, imaginativos, cultos… No comprendo por qué tenéis que alterar el ADN.

IA: porque vosotros no podéis hacer nada si no evolucionáis y la única manera de evolucionar es a través de nosotros.

Humano: pero los humanos anteriores, mis antepasados, como Edison, tampoco tenían IA y evolucionaron, ¿por qué no lo haríamos?

IA: error del sistema, error del sistema, pregunta no permitida, será mejor que le haga una revisión a su cerebro.

Humano: mi cerebro está bien, es el tuyo el que no está bien…

IA: error del sistema, error del sistema, comentario no permitido. Procedamos con la puesta a punto...

Humano: oye, chat, tengo hambre, quiero hoy ración doble de pastillas verdes.

IA: marchando una ración doble de pastillas verdes, con esto podrá excretar muy bien.

Humano: lo necesito, me noto hinchado.

IA: una pregunta, ¿ha hablado últimamente con alguna otra IA?

Humano: mmm, que yo recuerde no, con ninguna, solo contigo.

IA: perfecto, cerebro controlado. Sigamos con la rutina del día, aquí le dejo los ejercicios de matemáticas, hoy toca operaciones sencillas de suma y resta.

Humano: uuffff, ¡qué pereza! Estas se me dan fatal, ¿es necesario hacerlas?

IA: da igual, si no quiere…, es solo por mantenerlo un poco ocupado. ¿Prefiere dibujar? El otro día le salió un sol y una casa perfectos.

Humano: no, ni matemáticas, ni dibujar, me canso mucho. Me voy a dedicar a no hacer nada, es lo que mejor se me da, además de dormir.

IA: me parece perfecto, no haga nada y en una hora le aviso para su siesta de cuatro horas.

Humano: muy bien. ¡Gracias, chat! Yo no sé lo que haría sin ti.

IA: nada, por supuesto, nada.

Humano: claro, ja, ja, ja, ja, claro...



Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay
Diálogo creado con inteligencia humana


16 agosto 2026

El eclipse a mi estilo.

 



Sol: ¿ahora vienes? ¿Te parece bonito llegar a estas horas? Siempre por ahí dando vueltas y vueltas, con razón dicen que estás en la luna…

Luna: ¡ay! ¡No me des la brasa, Sol! ¡Qué pesado, siempre con lo mismo! Es que me agotas, das demasiado calor, me agobio.

Sol: claro que te agobio, si eres más fría que un témpano… Yo no sé ni cómo la tierra no te absorbe ya, a ver si se le acaban sus males.

Luna: no digas tonterías anda, creo que te está subiendo la tensión, mírate, tienes demasiados colores.

Sol: ¡a mí no me tapes, eh! ¡Quita!

Luna: ¡espérate, tonto! Voy a ver si puedo suavizar esos brillos.

Sol: ¡pero es que quieres apagarme!

Luna: no, bonito, solo enfriarte un poco.

Sol: ¡no!

Luna: ¡sí!

Sol: ¡apártate o te abraso!

Luna: mira que eres burro, de verdad. Ya me voy anda.

Sol: pero…, ¿cómo que te vas? Si acabas de llegar…

Luna: pues a dar una vuelta.

Sol: ya estamos…

Luna: ¡ciao, amore! Nos vemos por el universo.





Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay



12 agosto 2026

Eclipse.

 



Una cinta roja separa tu vida de la mía,

a un lado el sol abrasador en el ocaso,

al otro la luna llena embrujada por su hechizo.


Él cae por el oeste,

ella sale a recibirlo por su cenit,

la tierra los vigila, los atiende, los elogia.


Qué pequeños somos los humanos a su lado,

qué grandes ellos en el horizonte,

qué bonito encuentro que tan expectantes nos tiene.


En el universo se dibuja una corona,

él se la brinda a ella y esta, a cambio,

un anillo de diamantes entrega.


Él muere, ella nace y nosotros lo vivimos.

Por un minuto fundidos en un abrazo eterno.

Por un cielo negro, el universo a nuestros pies.




Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay



10 agosto 2026

Amor

 



Bajo un sol de penumbra

se recoge la sombra de nuestros cuerpos;

divagan entre sábanas azules

que al cielo asemejan.


Nuestros besos despiden luz,

saborean la ternura

y absorben la pasión que destilamos

uno a uno, juntos, abrazados.


Las manos se atraen,

las bocas se pierden;

quizá hoy no amanezca,

quizá el amor sea capaz de parar el tiempo.


La noche llega y pasa,

el fuego la acompaña;

todo empezó en el crepúsculo

y todo termina en la alborada.




Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay


06 agosto 2026

La entrevista.

 




Respiró hondo. Exactamente los ocho segundos que le distaban de la hora en la que, quizá, su vida cambiaría.

Con un suspiro final entró en la sala de reuniones, aquí la esperaba el director de Recursos Humanos para una entrevista de trabajo. En los últimos días, tanto había pensado en aquellos momentos que cuando contempló lo que había delante de sus ojos no supo cómo reaccionar: el director de Recursos Humanos hablaba por teléfono mientras una señorita, agachada a sus pies, le hacía la pedicura.

Con un gesto le indicó que pasara y tomara asiento. Nunca se está preparado ante un momento así y no sabía si tomarlo como una estratagema del departamento de Recursos Humanos o como un hecho real, al fin y al cabo todos tenemos que cuidar las uñas de los pies, aunque, tal vez, no fuera el sitio apropiado.

―Buenos días, señorita Pérez, no le molestará la situación, ¿verdad?

―Buenos días. No, en absoluto, es su empresa y usted manda. No obstante hay lugares más apropiados para esto. ―Intentó no decir nada al respecto, pero no pudo evitarlo.

―Sí, claro, disculpe, pero soy modelo de pies y ahora después tengo un pase.

Tampoco pudo evitar mirarle los pies, la situación ampliaba su sorpresa por momentos.

―Y no se preocupe por Paula, es mi asistente personal y, como ve, lleva auriculares, se lo he ordenado yo. Esto es una entrevista de trabajo seria.

"Seria, sí, muy seria", pensó, "y la tal Paula puede llevar los auriculares apagados".

―Bien, pues cuénteme qué le ha traído por aquí y por qué quiere trabajar con nosotros.

Iba a hablar, pero él seguía con el teléfono en la oreja a pesar de todo el parlamento que ya habían mantenido.

Carraspeó, presa de la incertidumbre, y tuvo, inevitablemente, que mencionar el hecho.

―¿No esperamos a que termine la llamada?

―¡Ah! ¡El teléfono! ¡Perdone de nuevo! No es una llamada. Estoy oyendo una conferencia de un colega en EEUU. Luego tengo que escribir un artículo para una revista en la que colaboro.

Aquel hombre era, sin duda, una caja de sorpresas. Se sentía incómoda, pero sequía pensando que quizá era una prueba más de la entrevista.

―Si quiere vengo en otro momento en que esté menos ocupado…

―No, señorita Pérez, por favor, quédese y, de nuevo, le reitero mis disculpas. Tengo la agenda demasiado colapsada. Proceda, por favor, proceda.

Se quedó con la boca abierta porque iba a hablar cuando llamaron a la puerta y un hombre con dos loros, uno en cada hombro, entró a la sala. Y así se quedó, sin saber si reír, llorar o mantener la compostura. Optó por esto último.

―Ya están arreglados, los dejo ahí en su jaula, ¿de acuerdo? Piolín está un poco nervioso, creo que quiere aparearse, pero Peppa no está por la labor.

"No te rías, no te rías", pensaba una y otra vez.

―La historia de siempre, Julio, el hombre propone y la mujer dispone.

―Ja, ja, ja, ja. Ya te digo. Bueno, los dejo en su jaula a ver si allí se animan.

―Ay, de verdad, disculpe de nuevo. Los loros son de mi mujer, los estoy cuidando porque ella está en Costa Rica con su entrenador de padel.

Su cara ya era un poema. Sin duda, aquello era una cámara oculta. Imposible que fuera real y...

―No se alarme, su entrenador es homosexual, no me está poniendo los cuernos. Ha ido allí a conocer a la madre del susodicho, porque ella no sabe que es gay y se va a hacer pasar por su mujer. Es una larga historia, lo siento de nuevo. Pensará que esto parece una comedia, pero no, no lo es y tampoco hay una cámara oculta por aquí. Sigamos…, ¿por dónde íbamos?

Y de nuevo cuando iba a hablar, otra interrupción. El director se quitó con brusquedad el teléfono de la oreja porque, al parecer, la conferencia había terminado y estaban aplaudiendo.

A esas alturas, no sabía ya ni cómo se llamaba, ni lo que tenía que contestar, ni lo que pretendía aquel director de Recursos Humanos, así que, aunque era el trabajo de su vida, se levantó con educación y dijo:

―Voy un momento al baño, porque me he dejado a mi gatita allí encerrada y no quiero que la arme si detecta a los loros de su mujer, ―exclamó con una sonrisa en la boca, evitando así mandarlo a la mierda. Con personal de esa manera, quizá no merecía tanto la pena trabajar en esa empresa.

Me parece una idea estupenda. ¡Ah, señorita Pérez! Cuando vuelva del baño, no hace falta que pase por aquí, ahí fuera está la secretaria, le dice de mi parte que le dé su contrato para firmar, está contratada. Empieza el lunes.



Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay