21 septiembre 2026

La importancia de la lectura.



Ayer leí un artículo sobre un dato, no sé cómo calificarlo, raro, sorprendente, extraño, alucinante… (Supongo que ya habréis pinchado sobre el enlace y lo habréis podido leer). Pagar por leer para evitar el deterioro cognitivo. “¿Qué?”, exclamé tras leerlo. Y es que es tan sorprendente, pero a la vez tan “normal” de este siglo lleno de scroll infinito que puedes tomarte el dato de tres maneras diferentes:

1º Reírte, tomártelo a guasa, e, irónicamente hablando, mencionar que, lo más seguro y si pagan con carácter retroactivo, en próximas semanas estaré emigrando a Singapur. Soy rica, aunque paguen poco.

2º Llevarte las manos a la cabeza, escandalizarte, cabrearte, no dar crédito a que algo así pueda suceder y acordarte de toda la población analfabeta que no lee ni los prospectos de las medicinas (bueno, esto, dependiendo de lo que sea, es mejor).

3º Después de pasar por la segunda opción, reflexionar un poco y pensar que, bueno, quizá es porque la población está envejecida y no pueden leer por problemas de visión y demás (por buscar una salida digna) y, entonces, hacer un alegato en defensa de la lectura fomentando su importancia y motivando al personal a leer.

Y eso estoy haciendo, apostando por la opción tres, lo que pasa que he hablado tanto de la lectura en este blog, le he dedicado tantas líneas, artículos, páginas, secciones, hasta una revista…, que cualquier cosa que añada será redundante.

Aceptamos que no guste leer, que no sea la afición favorita de algunas personas, no todos tenemos que tener los mismos gustos. Vale. Bien. Lo acepto (aunque no lo comparta). Pero es que no estoy hablando de leer cien libros al año, ni siquiera cincuenta. Estoy diciendo que se DEBE LEER ALGO, puede ser un artículo de un periódico, un cómic, una novela gráfica…, cualquier cosa es válida para que el cerebro no se deteriore y ya no hablemos de la repercusión cultural que esto puede tener en tu persona. Diez minutos al día. Nada más. Con esto adquirirás un hábito nuevo muy beneficioso para tu cabeza. Si todos intentamos hacer algo de ejercicio físico porque es bueno para nuestra salud, ¿por qué no hacemos lo mismo con el cerebro? Pues para esto sirve la lectura (entre otras muchísimas cosas).

Como se suele decir, allá cada uno con su cuerpo y cabeza, pero de la misma manera que todos, juntos a ser posible, debemos preocuparnos por el medio ambiente y la salud del planeta porque repercute en el futuro de la humanidad; lo mismo ocurre con la lectura, si creamos y fomentamos una sociedad analfabeta, ¿qué futuro nos puede esperar? Posiblemente, no muy bueno. Si no tenemos formación, ni cultura, ni unos conocimientos básicos…, ¿qué esperamos? ¿Que la IA lo resuelva todo? Créeme cuando te diga que esto no es, ni de lejos, la mejor opción.

Últimamente nos llegan noticias como esta que señalo, o el famoso informe Pisa donde España está a la cabeza, pero empezando por el final; o datos como que es la primera vez en la historia de la humanidad que los hijos son más tontos que los padres; o lo que vemos todos los días en las aulas, personas sin valores (la mayoría), sin conocimientos básicos, sin motivación al estudio y, por ende, sin leer y, encima, jactándose de no haber abierto un libro en su vida… Pero eso sí, con el móvil de 1000€ en el bolsillo y otras cosas más que prefiero omitir porque el artículo se extendería demasiado. ¿Este es el futuro que nos espera? Y no se trata de rasgarse las vestiduras, ni de hacernos falsas esperanzas (tampoco está tan mal la cosa); se trata de no mirar hacia otro lado, de poner todos nuestro granito de arena, no solo en nuestro propio beneficio (es decir, mirar por nuestro bienestar físico e intelectual), sino también por el de los demás.

De la misma manera que caminar, al menos media hora al día, es bueno para la salud; leer, al menos diez minutos al día, también. La lectura fortalece el cerebro, la actividad mental, la concentración, la atención, la memoria, reduce el estrés, previene el deterioro cognitivo, fomenta la creatividad, amplía la cultura, mejora el vocabulario, estimula la imaginación, etc.

Si ya lo haces, es decir, si ya lees, mi enhorabuena, mantén este hábito para siempre. Si no lo haces, no sé a qué estás esperando…



Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay




 

18 septiembre 2026

Historias que pasan.

 



12:30 am

Me encamino al baño del centro educativo donde trabajo. Antes de entrar, las llaves que usamos para abrir las clases, taquilla, etc., deciden caerse y soltarse de la anilla que las sujetaba. Las recojo y ante la imposibilidad de guardarlas en un bolsillo, opto por dejarlas en la mano y con ellas de esa guisa inicio la operación evacuar aguas menores. Cuando termino y me giro a apretar el botón de la cisterna, la llave que se había soltado y que llevaba en la mano derecha, cobra vida y se precipita al vacío de la taza, sí, como leéis, ahí en medio con toda su agüita amarilla rodeándola.

¡Que no cunda el pánico! ¡Piensa! ¡Hay que recuperarla! Me digo.

Salgo del baño y dejo a una compañera de centinela en la puerta: no puede pasar nadie, ya bastante es con mi agüita amarilla como para tener la de las demás u otra cosa peor (mejor no pensarlo). Me voy a conserjería y pido un guante. Y con él en la mano, procedo a operar al excusado.

La muy aventurera llave allí seguía, en el fondo, plácidamente asentada. Tras recuperarla, comienzo la operación desinfectante, primero un baño con agua (del lavabo claro); después dos baños con gel hidroalcohólico (el de Mercadona); un secado rápido con tres o cuatro servilletas de papel; nuevo riego con desinfectante, no sé de qué clase, que he encontrado por ahí; media hora de permanencia con ese líquido; otro secado rápido con tres o cuatro servilletas y envoltura final en un par de ellas más para pasar el fin de semana (al menos) en cuarentena. Posiblemente, el domingo pase otro control sanitario, pero mientras tanto aislada.

Y no dejo de pensar: ¿será suficiente desinfección? Mira que tienen recovecos y recovecos. No sé, lo mismo el lunes pido otra… Creo que cada vez que la mire, la veré hundida en esa taza, ahí, rodeada de bacterias.

¿Qué haríais vosotros?


(Basado en hechos verídicos).
Foto: pixabay


11 septiembre 2026

La realidad.

 


Despierto sobre una mullida almohada,

se escucha un ligero susurro,

es el viento que baila entre los árboles.

En mi mente, un solo pensamiento,

que la persona que duerme a mi lado se despierte.

Juntos surcaremos las olas de las sábanas

a bordo de un trineo de delfines…


Síndrome del impostor: ¡espera, espera, espera! ¿Eso vas a escribir?

¿En serio? ¡Qué cursi!

Escribe algo más real, algo del siglo XXI,

algo que no parezca tan “rosa”.


Eran las cuatro de la mañana,

el viento rugía contra la ventana

y mi pensamiento pedía a gritos que te despertaras.

Quería besarte y dejarme mi piel en tu piel.

El alba nos encontraría abrazados, fundidos en uno solo…


Síndrome del impostor: ¡espera, espera, espera! ¿De verdad vas a seguir así?

¿Es que no se te ocurre otra cosa? Así no te va a leer ni tu sombra…


La luna nos tendría envidia

y el sol brillaría con menos intensidad.

Pero un gran ronquido me confirmó que esta noche…,

ni viento,

ni olas en las sábanas,

ni delfines,

ni besos,

ni abrazos,

nada.

Me desperté por un ronquido en mi oreja.

Silbé como el viento para ver si se callaba.

Y tal vuelta se dio que sentí como si una ola

me arrastrara entre las sábanas.

En ese momento, las uñas de sus pies,

que parecían delfines, se me clavaron en las piernas.

Rugí igual que el viento contra la ventana.

Desesperada, me abracé a la almohada

y salí de la habitación buscando refugio.

Al alba, la luna me encontraría dormida a pierna suelta

y ni el brillo del sol me despertaría.


Yo: ¡chúpate esa, síndrome del impostor!



Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay


08 septiembre 2026

Parafraseando a Gerardo Diego.





Enhiesto compañero de letras e imágenes

que iluminas Internet con tu soltura.

Blog que a los best seller casi alcanza

pensado a sí mismo en cuerdo empeño.


Mástil de palabras, prodigio librero;

bitácora de letras, diario de inspiración.

Hoy llego a ti, riberas de mi blog

peregrina al azar, mi pluma sin dueño.


Cuando te vi azul, creativo, ensalzado

qué ganas sentí de escribirte

y volar como tú, recorriendo la red.


Como tú, blog mío de firmes palabras,

ejemplo de mis cuitas,

querido blog en el fervor de las teclas.



Mercedes Soriano Trapero
Foto: canva
(Perdón Gerardo por el parafraseo)

 

03 septiembre 2026

La gota.

 



Aquel día llovía y una gota descarriada, después de la tormenta, se afanaba en caer cerca de su ventana desde el tejado. La perturbaba. Hubiera salido al jardín a recoger a aquella descarriada si no fuera porque de nada serviría: comenzaría a llover en breve. El cielo era una manta de nubes.

Sin embargo, no llovió, ni en ese instante ni en la hora posterior, así que la indignante gota seguía balanceándose a sus anchas cerca de su ventana.

Se asomó al exterior, pero no vio la procedencia de la mísera gota y justo cuando se estaba calzando para salir, un trueno retumbó a lo lejos. Abortó la operación gota miserable en el tejado y regresó a su plácida habitación.

El trueno desató un conjunto de rayos, pero ni una gota más cayó del cielo, por lo que la escandalosa gota siguió a sus anchas.

Dos horas después lo único que oía era el sonido de la peor gota de la historia de la humanidad cerca de su ventana. Ya tan cerca que amenazaba con instalarse hasta en su cama.

Desesperada, cogió un martillo, una sierra, un taladro y un cubo y salió dispuesta a resolver aquella situación.

Y, en ese preciso momento, comenzó a llover a cántaros y todas las gotas del mundo acabaron sobre ella. Eso sí, la gota en cuestión no volvió a oírse.





Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay