16 agosto 2026

El eclipse a mi estilo.

 



Sol: ¿ahora vienes? ¿Te parece bonito llegar a estas horas? Siempre por ahí dando vueltas y vueltas, con razón dicen que estás en la luna…

Luna: ¡ay! ¡No me des la brasa, Sol! ¡Qué pesado, siempre con lo mismo! Es que me agotas, das demasiado calor, me agobio.

Sol: claro que te agobio, si eres más fría que un témpano… Yo no sé ni cómo la tierra no te absorbe ya, a ver si se le acaban sus males.

Luna: no digas tonterías anda, creo que te está subiendo la tensión, mírate, tienes demasiados colores.

Sol: ¡a mí no me tapes, eh! ¡Quita!

Luna: ¡espérate, tonto! Voy a ver si puedo suavizar esos brillos.

Sol: ¡pero es que quieres apagarme!

Luna: no, bonito, solo enfriarte un poco.

Sol: ¡no!

Luna: ¡sí!

Sol: ¡apártate o te abraso!

Luna: mira que eres burro, de verdad. Ya me voy anda.

Sol: pero…, ¿cómo que te vas? Si acabas de llegar…

Luna: pues a dar una vuelta.

Sol: ya estamos…

Luna: ¡ciao, amore! Nos vemos por el universo.





Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay



12 agosto 2026

Eclipse.

 



Una cinta roja separa tu vida de la mía,

a un lado el sol abrasador en el ocaso,

al otro la luna llena embrujada por su hechizo.


Él cae por el oeste,

ella sale a recibirlo por su cenit,

la tierra los vigila, los atiende, los elogia.


Qué pequeños somos los humanos a su lado,

qué grandes ellos en el horizonte,

qué bonito encuentro que tan expectantes nos tiene.


En el universo se dibuja una corona,

él se la brinda a ella y esta, a cambio,

un anillo de diamantes entrega.


Él muere, ella nace y nosotros lo vivimos.

Por un minuto fundidos en un abrazo eterno.

Por un cielo negro, el universo a nuestros pies.




Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay



10 agosto 2026

Amor

 



Bajo un sol de penumbra

se recoge la sombra de nuestros cuerpos;

divagan entre sábanas azules

que al cielo asemejan.


Nuestros besos despiden luz,

saborean la ternura

y absorben la pasión que destilamos

uno a uno, juntos, abrazados.


Las manos se atraen,

las bocas se pierden;

quizá hoy no amanezca,

quizá el amor sea capaz de parar el tiempo.


La noche llega y pasa,

el fuego la acompaña;

todo empezó en el crepúsculo

y todo termina en la alborada.




Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay


06 agosto 2026

La entrevista.

 




Respiró hondo. Exactamente los ocho segundos que le distaban de la hora en la que, quizá, su vida cambiaría.

Con un suspiro final entró en la sala de reuniones, aquí la esperaba el director de Recursos Humanos para una entrevista de trabajo. En los últimos días, tanto había pensado en aquellos momentos que cuando contempló lo que había delante de sus ojos no supo cómo reaccionar: el director de Recursos Humanos hablaba por teléfono mientras una señorita, agachada a sus pies, le hacía la pedicura.

Con un gesto le indicó que pasara y tomara asiento. Nunca se está preparado ante un momento así y no sabía si tomarlo como una estratagema del departamento de Recursos Humanos o como un hecho real, al fin y al cabo todos tenemos que cuidar las uñas de los pies, aunque, tal vez, no fuera el sitio apropiado.

―Buenos días, señorita Pérez, no le molestará la situación, ¿verdad?

―Buenos días. No, en absoluto, es su empresa y usted manda. No obstante hay lugares más apropiados para esto. ―Intentó no decir nada al respecto, pero no pudo evitarlo.

―Sí, claro, disculpe, pero soy modelo de pies y ahora después tengo un pase.

Tampoco pudo evitar mirarle los pies, la situación ampliaba su sorpresa por momentos.

―Y no se preocupe por Paula, es mi asistente personal y, como ve, lleva auriculares, se lo he ordenado yo. Esto es una entrevista de trabajo seria.

"Seria, sí, muy seria", pensó, "y la tal Paula puede llevar los auriculares apagados".

―Bien, pues cuénteme qué le ha traído por aquí y por qué quiere trabajar con nosotros.

Iba a hablar, pero él seguía con el teléfono en la oreja a pesar de todo el parlamento que ya habían mantenido.

Carraspeó, presa de la incertidumbre, y tuvo, inevitablemente, que mencionar el hecho.

―¿No esperamos a que termine la llamada?

―¡Ah! ¡El teléfono! ¡Perdone de nuevo! No es una llamada. Estoy oyendo una conferencia de un colega en EEUU. Luego tengo que escribir un artículo para una revista en la que colaboro.

Aquel hombre era, sin duda, una caja de sorpresas. Se sentía incómoda, pero sequía pensando que quizá era una prueba más de la entrevista.

―Si quiere vengo en otro momento en que esté menos ocupado…

―No, señorita Pérez, por favor, quédese y, de nuevo, le reitero mis disculpas. Tengo la agenda demasiado colapsada. Proceda, por favor, proceda.

Se quedó con la boca abierta porque iba a hablar cuando llamaron a la puerta y un hombre con dos loros, uno en cada hombro, entró a la sala. Y así se quedó, sin saber si reír, llorar o mantener la compostura. Optó por esto último.

―Ya están arreglados, los dejo ahí en su jaula, ¿de acuerdo? Piolín está un poco nervioso, creo que quiere aparearse, pero Peppa no está por la labor.

"No te rías, no te rías", pensaba una y otra vez.

―La historia de siempre, Julio, el hombre propone y la mujer dispone.

―Ja, ja, ja, ja. Ya te digo. Bueno, los dejo en su jaula a ver si allí se animan.

―Ay, de verdad, disculpe de nuevo. Los loros son de mi mujer, los estoy cuidando porque ella está en Costa Rica con su entrenador de padel.

Su cara ya era un poema. Sin duda, aquello era una cámara oculta. Imposible que fuera real y...

―No se alarme, su entrenador es homosexual, no me está poniendo los cuernos. Ha ido allí a conocer a la madre del susodicho, porque ella no sabe que es gay y se va a hacer pasar por su mujer. Es una larga historia, lo siento de nuevo. Pensará que esto parece una comedia, pero no, no lo es y tampoco hay una cámara oculta por aquí. Sigamos…, ¿por dónde íbamos?

Y de nuevo cuando iba a hablar, otra interrupción. El director se quitó con brusquedad el teléfono de la oreja porque, al parecer, la conferencia había terminado y estaban aplaudiendo.

A esas alturas, no sabía ya ni cómo se llamaba, ni lo que tenía que contestar, ni lo que pretendía aquel director de Recursos Humanos, así que, aunque era el trabajo de su vida, se levantó con educación y dijo:

―Voy un momento al baño, porque me he dejado a mi gatita allí encerrada y no quiero que la arme si detecta a los loros de su mujer, ―exclamó con una sonrisa en la boca, evitando así mandarlo a la mierda. Con personal de esa manera, quizá no merecía tanto la pena trabajar en esa empresa.

Me parece una idea estupenda. ¡Ah, señorita Pérez! Cuando vuelva del baño, no hace falta que pase por aquí, ahí fuera está la secretaria, le dice de mi parte que le dé su contrato para firmar, está contratada. Empieza el lunes.



Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay


30 julio 2026

Aenor: Libro I: La promesa. Reseña.

 



Ficha bibliográfica

  • Autor: Francesco Riccardi
  • Editorial:  Independently published (julio 2026)
  • Idioma: ‎ español
  • Tapa blanda: 297 páginas
  • Género: fantasía
  • Edad recomendada: a partir de 8 años


  •                                                  Sinopsis

"Una promesa puede salvar una vida. O condenar a todo un reino.

   Kael tiene diecisiete años, una casa llena de polvo y una promesa que cumplir.

  Cuando su hermano Indra desaparece en un callejón de Anart, engullido por una luz fría y una frase imposible —«Lo he encontrado»—, Kael no tiene mapa, respuestas ni tiempo. Solo le quedan las últimas palabras de su madre: tráelo a casa.

    Siguiendo las escasas pistas que Indra dejó atrás, Kael se adentrará mucho más allá de la ciudad que conoce, atravesando tierras heridas, personas rotas y archivos donde un nombre puede valer más que una vida. Pero cada respuesta abre una nueva puerta, y detrás de cada una se esconde un secreto más antiguo y peligroso que la propia desaparición de Indra.

    Para encontrar a su hermano, Kael tendrá que aprender en quién confiar, qué está dispuesto a sacrificar y cuánto puede llegar a pesar una promesa cuando alguien parece decidido a borrar todo rastro de Indra.

      Porque algunas personas no desaparecen por casualidad.

   Y algunas promesas, una vez pronunciadas, no permiten volver atrás".


                   Opinión

       Si te gusta la aventura, la fantasía y los misterios, este libro te va a gustar. Es una novela sencilla de leer que te atrapa desde el primer momento y que te sumerge en un mundo diferente donde cada paso que da el protagonista es todavía más sorprendente que el anterior. 

     Kael, el protagonista, quiere encontrar a su hermano desaparecido en extrañas circunstancias. En su transitar se encuentra con otros personajes, algunos muy curiosos, e, incluso, traba amistad con algunos. Su viaje comienza en un vagón donde conoce a Evat, un muchacho díscolo con un sentido del humor irónico y una filosofía de vida que despierta la curiosidad de Kael. A partir de ahí, se sucederán los lugares por los que pasan siempre tras la pista de Indra, el hermano de Kael. Poco a poco se nos van dando pinceladas sobre una condición diferente del protagonista y, posiblemente, de su hermano; sin embargo, no se termina de solucionar este detalle de la trama pues supongo que el autor lo reservará para el segundo libro. 

    El estilo es sencillo, capítulos no demasiado largos, frases cortas, diálogos correctos, sin palabrería vana y mucha acción para no dejar que te aburras. Los personajes están bien caracterizados y es fácil imaginarlos en nuestra cabeza conforme avanza la narración. Al igual que el escenario de cada aventura, no hay grandes descripciones, pero con unas pinceladas, el autor detalla lo más destacado de las ciudades por las que transcurre el argumento. 

    El final es inconcluso porque, ya lo anticipa el título, se espera una segunda parte que será la que resuelva la trama que aquí se ha introducido. Por tanto, te deja con la duda y con las ganas de saber cómo se resuelve la historia. 

     Algo característico del libro y que creo define el estilo del autor es la cantidad de frases sentenciosas que tiene el mismo, cada capítulo (la gran mayoría) termina con una frase lapidaria al estilo de una moraleja que te deja reflexionando y a la vez te incita a seguir leyendo. También podemos encontrar estas frases por otros rincones de los capítulos. Es un recurso peculiar y a veces característico de un personaje como Evat o del propio narrador omnisciente que tiene el libro. A continuación dejo alguna de estas frases o algún pasaje que me ha llamando, especialmente, la atención.

"Yrol decía que Anart no era una ciudad: era una boca reseca. —¿Y nosotros vivimos dentro? Indra siempre respondía antes que nadie. —No. Somos el diente que no logra escupir".

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"La fuerza no sirve de nada si siempre llega después del dolor".

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"Pero algunas manos dejaban ausencia en lugar de huellas".

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"No pongas esa cara de persona que toma una metáfora y la convierte en un monstruo". 

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     Esta última, en concreto, me ha parecido muy curiosa. No esperaba encontrar una reflexión sobre una metáfora en un libro de fantasía o de aventuras. No obstante, es una bonita frase. 

     Retomo lo dicho al principio, si te gusta la fantasía y las aventuras, este libro te va a gustar. Te lo recomiendo.