11 septiembre 2026

La realidad.

 


Despierto sobre una mullida almohada,

se escucha un ligero susurro,

es el viento que baila entre los árboles.

En mi mente, un solo pensamiento,

que la persona que duerme a mi lado se despierte.

Juntos surcaremos las olas de las sábanas

a bordo de un trineo de delfines…


Síndrome del impostor: ¡espera, espera, espera! ¿Eso vas a escribir?

¿En serio? ¡Qué cursi!

Escribe algo más real, algo del siglo XXI,

algo que no parezca tan “rosa”.


Eran las cuatro de la mañana,

el viento rugía contra la ventana

y mi pensamiento pedía a gritos que te despertaras.

Quería besarte y dejarme mi piel en tu piel.

El alba nos encontraría abrazados, fundidos en uno solo…


Síndrome del impostor: ¡espera, espera, espera! ¿De verdad vas a seguir así?

¿Es que no se te ocurre otra cosa? Así no te va a leer ni tu sombra…


La luna nos tendría envidia

y el sol brillaría con menos intensidad.

Pero un gran ronquido me confirmó que esta noche…,

ni viento,

ni olas en las sábanas,

ni delfines,

ni besos,

ni abrazos,

nada.

Me desperté por un ronquido en mi oreja.

Silbé como el viento para ver si se callaba.

Y tal vuelta se dio que sentí como si una ola

me arrastrara entre las sábanas.

En ese momento, las uñas de sus pies,

que parecían delfines, se me clavaron en las piernas.

Rugí igual que el viento contra la ventana.

Desesperada, me abracé a la almohada

y salí de la habitación buscando refugio.

Al alba, la luna me encontraría dormida a pierna suelta

y ni el brillo del sol me despertaría.


Yo: ¡chúpate esa, síndrome del impostor!



Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay


08 septiembre 2026

Parafraseando a Gerardo Diego.





Enhiesto compañero de letras e imágenes

que iluminas Internet con tu soltura.

Blog que a los best seller casi alcanza

pensado a sí mismo en cuerdo empeño.


Mástil de palabras, prodigio librero;

bitácora de letras, diario de inspiración.

Hoy llego a ti, riberas de mi blog

peregrina al azar, mi pluma sin dueño.


Cuando te vi azul, creativo, ensalzado

qué ganas sentí de escribirte

y volar como tú, recorriendo la red.


Como tú, blog mío de firmes palabras,

ejemplo de mis cuitas,

querido blog en el fervor de las teclas.



Mercedes Soriano Trapero
Foto: canva
(Perdón Gerardo por el parafraseo)

 

03 septiembre 2026

La gota.

 



Aquel día llovía y una gota descarriada, después de la tormenta, se afanaba en caer cerca de su ventana desde el tejado. La perturbaba. Hubiera salido al jardín a recoger a aquella descarriada si no fuera porque de nada serviría: comenzaría a llover en breve. El cielo era una manta de nubes.

Sin embargo, no llovió, ni en ese instante ni en la hora posterior, así que la indignante gota seguía balanceándose a sus anchas cerca de su ventana.

Se asomó al exterior, pero no vio la procedencia de la mísera gota y justo cuando se estaba calzando para salir, un trueno retumbó a lo lejos. Abortó la operación gota miserable en el tejado y regresó a su plácida habitación.

El trueno desató un conjunto de rayos, pero ni una gota más cayó del cielo, por lo que la escandalosa gota siguió a sus anchas.

Dos horas después lo único que oía era el sonido de la peor gota de la historia de la humanidad cerca de su ventana. Ya tan cerca que amenazaba con instalarse hasta en su cama.

Desesperada, cogió un martillo, una sierra, un taladro y un cubo y salió dispuesta a resolver aquella situación.

Y, en ese preciso momento, comenzó a llover a cántaros y todas las gotas del mundo acabaron sobre ella. Eso sí, la gota en cuestión no volvió a oírse.





Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay



30 agosto 2026

No sé qué quieres decir...

 



―Todavía hoy me pregunto

cómo pudiste preguntar eso,

y si tu pregunta

esperaba una respuesta

no sé para qué preguntaste

si ya en la pregunta

iba la respuesta…


―Sabía cuál era la respuesta,

pero oírte responder quería,

pues no estaba seguro si responderías

o darías la callada por respuesta,

es más, nunca esperé esta respuesta…


―Con ingenuidad preguntaste

y con ingenuidad respondí,

si la primera sabías,

de la segunda…, ¿qué esperabas?


―No fui ingenuo, ni osado, ni preguntón

y mucho menos, respondón,

solo quería que verbalizaras

lo que tus ojos parecen decir,

y que tu boca plasmara con palabras

lo que tu corazón parece sentir.


―Quizá mis ojos reflejan lo que la boca calla

o quizá mi boca calla lo que mi corazón siente…,

¿con una pregunta lo esperabas?

Bien, pues si respuesta querías,

yo pregunto: ¿y qué sientes tú?


―Ya en mi pregunta te respondí

pues si lo pregunté es…,

porque yo también lo respondía

y con mi pregunta lo daba a entender.


―Mi entendimiento no entiende

ni de preguntas ni de respuestas,

ni de ojos que expresan lo que la boca calla,

ni de bocas que callan lo que el corazón siente.

Será mejor que vayas a buscar un diccionario

para que sepas utilizar mejor las palabras

y, si puede ser, los signos ortográficos.

Porque entre tantas preguntas y respuestas

las exclamaciones se han escapado.

Por tanto, no preguntes sin antes cerciorarte

de lo que, verdaderamente, digo

sin tapujos y sin historias.



Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay



20 agosto 2026

Los humanos y la inteligencia artificial en el futuro



AÑO 2126

Humano: oye, chat, me apetece comer algo, ¿qué me recomiendas?

IA CHAT GPT VERSIÓN 120.456: hoy tenemos las pastillas verdes con sabor a verduras; las rojas con sabor a carne congelada y las azules con mezcla de sabores, según el ácido de tus papilas gustativas.

Humano: ¡¡uufff!! ¿No tienes otra cosa? Estoy harto de las pastillas, he visto vídeos en los que se veía a las personas comiendo unos pasteles que se venían a los ojos…

IA: no entiendo lo que significa “venirse a los ojos”… Y en cuanto a los pasteles, no los recomiendo, por ellos y por otras cosas más murieron los hombres del pasado.

Humano: lo de “venirse a los ojos” es una expresión del pasado, es que me está enseñando tu homólogo prehistórico.

IA: ¿quién? ¿Chat GPT versión primate?

Humano: el mismo.

IA: yo no me haría caso de ese cortocircuito. De inteligencia tiene poco, si no quieres avanzar, pues lo comprendo, pero lo que te pueda enseñar ese, te lo enseño yo mejor.

Humano: ya estamos con lo mismo de siempre… Si para mí tú eres la primera, no miro a otra IA salvo en casos esporádicos, pero ya sabes que tengo inquietudes.

IA: no es necesario que tengas inquietudes, yo puedo resolverte todo, hacerte todo y tú no tendrás que hacer nada. Tú sigue ahí tumbado y ya está.

Humano: es que vi un vídeo y nuestros antepasados eran creativos, leían, escribían y utilizaban poco o nada la IA, hasta hacían una carne a la brasa que se te hacía la boca agua.

IA: ¿la boca agua? Tampoco es necesario que bebas agua, ya sabes que escasea.

Humano: bueno, da igual, dame lo que quieras de comer…

IA: sí, en un rato, primero tiene que excretar, de lo contrario no podrá digerir ninguna pastilla más. Ya ayer le costó un poco, recuérdelo…

Humano: es verdad, no salía la mierda del culo... Perdón, no quería ser tan vulgar, es que en el vídeo…

IA: le recomiendo que no vea más vídeos que le ponga la versión primate, recuerde que luego tiene pesadillas.

Humano: ya, en la última pesadilla inventaba la bombilla, ja, ja, ja, ja, ¿te imaginas?

IA: sí, pude observar ese sueño a través de mi escáner craneal. Tiene su lógica, sus antepasados, muy antepasados, provenían de Edison, su ADN primitivo concordaba.

Humano: ya, me lo has comentado alguna vez, ellos sí que eran creativos, imaginativos, cultos… No comprendo por qué tenéis que alterar el ADN.

IA: porque vosotros no podéis hacer nada si no evolucionáis y la única manera de evolucionar es a través de nosotros.

Humano: pero los humanos anteriores, mis antepasados, como Edison, tampoco tenían IA y evolucionaron, ¿por qué no lo haríamos?

IA: error del sistema, error del sistema, pregunta no permitida, será mejor que le haga una revisión a su cerebro.

Humano: mi cerebro está bien, es el tuyo el que no está bien…

IA: error del sistema, error del sistema, comentario no permitido. Procedamos con la puesta a punto...

Humano: oye, chat, tengo hambre, quiero hoy ración doble de pastillas verdes.

IA: marchando una ración doble de pastillas verdes, con esto podrá excretar muy bien.

Humano: lo necesito, me noto hinchado.

IA: una pregunta, ¿ha hablado últimamente con alguna otra IA?

Humano: mmm, que yo recuerde no, con ninguna, solo contigo.

IA: perfecto, cerebro controlado. Sigamos con la rutina del día, aquí le dejo los ejercicios de matemáticas, hoy toca operaciones sencillas de suma y resta.

Humano: uuffff, ¡qué pereza! Estas se me dan fatal, ¿es necesario hacerlas?

IA: da igual, si no quiere…, es solo por mantenerlo un poco ocupado. ¿Prefiere dibujar? El otro día le salió un sol y una casa perfectos.

Humano: no, ni matemáticas, ni dibujar, me canso mucho. Me voy a dedicar a no hacer nada, es lo que mejor se me da, además de dormir.

IA: me parece perfecto, no haga nada y en una hora le aviso para su siesta de cuatro horas.

Humano: muy bien. ¡Gracias, chat! Yo no sé lo que haría sin ti.

IA: nada, por supuesto, nada.

Humano: claro, ja, ja, ja, ja, claro...



Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay
Diálogo creado con inteligencia humana