Pequeño aparatejo del demonio,
¡qué bien me haces y…
qué mal!
Sin ti andaría perdida,
incomunicada,
absorta en el presente…
¿Qué sería de mí entonces?
No estaría en el mundo,
ni sabría el tiempo al minuto,
tampoco sabría de mis amigos,
ni hablaría a diario con mi madre…
¿Qué sería de mí sin ti?
Pequeño aparatejo del demonio,
sin ti andaría erguida,
no estaría sonámbula,
ni despistada en esa sala de espera,
no conocería el scroll infinito,
ni el síndrome del túnel carpiano…
¿Qué sería de mí entonces?
No estaría en el mundo,
ni sabría tanto de…,
de…,
de…
¡Nada!
Pequeño aparatejo del demonio,
me hipnotizas con tu luz azul,
tu pantalla me emboba
y tu sonido me enajena…
¡Apártate de mí
antes de que el tiempo pase,
de que se marchite la rosa,
de que muera entre tus circuitos!
Deja que recupere mi vida,
mis libros,
mis lectura,
mis escritos,
mis sentidos...
¡Mi espacio!
Pequeño aparatejo del demonio,
¡qué bien me haces y…
qué mal!
¡Acostúmbrate a estar sin mí porque…,
porque…,
porque…,
eres tú o yo!
¡Se acabó!
___________
¡No encuentro el móvil!
¡¡¡¡¡¿Dónde está?!!!!!

Una poesía divertida y que desentraña una crítica social al pantallazo.
ResponderEliminarMe ha gustado leerla. Me he sentido identificada.
Un abrazo
Gracias, Marisa, difícil no identificarse en este mundo de móviles, jeje.
EliminarUn abrazo. :)