―Todavía hoy me pregunto
cómo pudiste preguntar eso,
y si tu pregunta
esperaba una respuesta
no sé para qué preguntaste
si ya en la pregunta
iba la respuesta…
―Sabía cuál era la respuesta,
pero oírte responder quería,
pues no estaba seguro si responderías
o darías la callada por respuesta,
es más, nunca esperé esta respuesta…
―Con ingenuidad preguntaste
y con ingenuidad respondí,
si la primera sabías,
de la segunda…, ¿qué esperabas?
―No fui ingenuo, ni osado, ni preguntón
y mucho menos, respondón,
solo quería que verbalizaras
lo que tus ojos parecen decir,
y que tu boca plasmara con palabras
lo que tu corazón parece sentir.
―Quizá mis ojos reflejan lo que la boca calla
o quizá mi boca calla lo que mi corazón siente…,
¿con una pregunta lo esperabas?
Bien, pues si respuesta querías,
yo pregunto: ¿y qué sientes tú?
―Ya en mi pregunta te respondí
pues si lo pregunté es…,
porque yo también lo respondía
y con mi pregunta lo daba a entender.
―Mi entendimiento no entiende
ni de preguntas ni de respuestas,
ni de ojos que expresan lo que la boca calla,
ni de bocas que callan lo que el corazón siente.
Será mejor que vayas a buscar un diccionario
para que sepas utilizar mejor las palabras
y, si puede ser, los signos ortográficos.
Porque entre tantas preguntas y respuestas
las exclamaciones se han escapado.
Por tanto, no preguntes sin antes cerciorarte
de lo que, verdaderamente, digo
sin tapujos y sin historias.

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