03 abril 2025

Vendo kits de supervivencia.

 



¡VENDO KITS DE SUPERVIVENCIA! ¡LOS MEJORES KITS DEL MERCADO! ¡BARATO, BARATO!


Los tengo de 48 horas, de 72 y hasta de una semana. Me adapto a sus preferencias, que quiere agua de los Pirineos, se la sirvo sin rodeos; que necesita una linterna mágica, aquí tengo esta barrica; o quizá un hato de emergencia, para pasar el rato por ejemplo… No se preocupe, tengo de todo. Y, además, si no puede desplazarse hasta mis instalaciones para adquirirlo, yo se lo llevo hasta su casa. Que va a estar en un búnker pues allá que me voy. Si estamos de emergencia, también, esquivo las bombas y llego hasta donde esté en un santiamén. Puede confiar en mí, tengo licencia de servicio firmado por el mismísimo Dios, además de inmunidad en todos los países del mundo y del extranjero. Dígame qué necesita y yo se lo sirvo, no hay otro mejor ni con un servicio tan completo.


Cliente 1: hola, necesito un kit de supervivencia, el básico.

―Por supuesto, el básico consta de una garrafa de agua del grifo; dos rollos de papel higiénico marca “nisu”; tres barritas energéticas; una bolsa de cacahuetes, sin pelar, por supuesto, para matar el tiempo pelándolos; una linterna, sin pilas, y una radio de bolsillo vía satélite.


Cliente 1: ¿qué precio tiene?

―Hoy los tengo de oferta, si se lleva tres, paga solo dos, al módico precio de 100€ más IVA. (Aunque, en confianza, si me paga en efectivo, nos olvidamos del IVA, ¿quién quiere pagar a hacienda en períodos de emergencia, verdad?).


Cliente 1: perfecto, en otro sitio me han pedido por lo mismo 200€.

―No me extraña, siempre salen aprovechados. Me ha caído bien, le regalo un par de rollos de WC más, que ya sabemos todos que con los nervios se nos puede soltar la tripa y quizá lo necesite…


Cliente 2: hola, yo quiero el kit de supervivencia premium.

―Usted sí que sabe, elegante, sofisticado, un kit que no pasa de moda, además de ser el más adecuado para guerras y catástrofes en general… Muy bien.


Cliente 2: sí, pero quería cambiar las garrafas de agua del Himalaya por cerveza, ¿puede ser?

―Por supuesto, faltaría más, además tengo ahora mismo una oferta que con la cerveza le regalo unas aceitunitas, con hueso y así puede aprovechar los huesos para extraer aceite de oliva o para calentarse, según lo requiera.


Cliente 2: ¡ah, qué útil! Me parece perfecto. Pues me llevo cinco kits, por favor.

―Marchando, cinco kits para el caballero…


Cliente 3: hola, me han recomendado que venga aquí a comprar el kit de supervivencia. No estoy nada puesta en esto de los kits, es la primera vez que compro uno, ¿me podría asesorar?

―Claro, por supuesto, faltaría más, para eso estamos… Somos líderes en el mercado de ventas de kits de supervivencia, no los encontrara en ningún otro sitio mejores ni más baratos. ¿Qué necesita saber?


Cliente 3: no sé, la verdad. ¿Qué me recomienda? Estoy yo sola con mi perro.

―Perfecto, tengo kits especiales para mascotas que constan de bolsita para cacas; papel higiénico, un rollo de la marca “can”; agua del río Amazonas que tiene más sustancia; pienso de gallinas, ideal para perros y un hueso de la momia de Tutankamon, pura proteína.


Cliente 3: vale, me parece bien. ¿Y para mí?

―Pues para usted tengo el kit de mujer de la talla M que consta de dos botellas de agua del grifo; un paquete de cereales con la leche en polvo, todo integrado ya; dos manzanas, en bolsitas; un rollo de carne mechada, la tengo con sangre y sin sangre, lo que prefiera, al mismo precio; un yogur con la fecha de caducidad infinita, ya puede estar mil años en el refugio que no va a cumplir; un paquete de macarrones; un rollo de papel higiénico; una linterna, sin pilas, y a elegir entre la revista Pronto o una radio de bolsillo.


Cliente 3: vale, prefiero la revista, pero no el especial guerras, que me va a deprimir, algo más alegre si puede ser.

―Claro, es comprensible, tengo el especial qué hacer después del bombardeo si sigue vivo.


Cliente 3: ah, sí, ese me parece perfecto.

―Muy bien, pues se lo pongo todo. Le regalo una gorra con la leyenda “he sobrevivido”.


Cliente 3: muchas gracias, qué detalle. ¿Estará aquí después para venir a darle las gracias?

―Sí, yo de aquí no me muevo, tengo licencia 007. Y si necesita algo, se lo llevo a su casa.


Cliente 3: perfecto, pues quizá le llamo, estaré en el sótano.


¡ATENCIÓN, ATENCIÓN! ¡ÚLTIMOS KITS DE SUPERVIVENCIA! ¡ME LOS QUITAN DE LAS MANOS! ¡NO TE QUEDES SIN TU KIT! ¡LOS MEJORES DEL MERCADO CON LOS MEJORES PRODUCTOS! ¡SI TIENES NUESTROS KITS, DE HAMBRE NO MORIRÁS! Nota: la empresa no se hace responsable de otro tipo de muerte.


Que nunca nos falte el sentido del humor...



Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay







02 abril 2025

Yo y mis yoes.


 



Escenario: cocina, encima de la encimera hay una tarta y al lado golosinas.


Merche: ¡Anda! Y esta tarta, ¿quién la ha traído? Pero si también hay chuches, nubes, con lo que me gustan…


Merche 1: ¡no! No debes probar nada, además no sabes de quién es. Demasiada azúcar para el cuerpo y eso no es bueno.

Merche 2: ya está la aguafiestas… A ver si te enteras, quejica, la tarta y las nubes están en su cocina, si están aquí es porque alguien las ha traído para ella, se las puede comer.

Merche 1: claro, como tú desapareces cuando hay problemas, te da igual todo… Si se come la tarta, va a engordar y luego soy yo la que me tengo que comer sus lágrimas porque no le entra el bikini del año pasado… ¡Ah, no, a mí no me das la brasa, que ya nos conocemos!

Merche 2: ¡qué exagerada! ¿Cuándo ha llorado ella por unos kilos de más? ¿Cuándo? Eso es salud, a ver si te enteras de una vez, porque luego adelgaza y se le queda cara de acelga y ojeras y todo el mundo le dice que si le pasa algo malo… ¡Cállate ya! Cómete un buen trozo de tarta y no oigas a esa.

Merche 1: pesará sobre tu conciencia…

Merche 2: a la mierda la conciencia…

Merche 1: no debes hablar así, tenemos que hablarnos bien, porque si no nos queremos a nosotras mismas, ¿quién lo hará?

Merche 2: ¡bueno! Y ahora el sermón zen… Mira pazguata, como no se coma un buen trozo de tarta por tu culpa, yo misma seré la que te destroce, con meditación o sin ella, pero te quito de nuestro camino a la voz de ¡ya! ¿Me has entendido?

Merche 1: mmmm, por aquí hay una que necesita alejarse del cortisol, eso es por la Coca-cola, te dije ayer que no bebieras tanta Coca-cola, que luego te pones como una moto…

Merche 2: mi cortisol está perfecto, me lo ha dicho el reloj de la muñeca, 15 % de estrés marca. Además, la que me sube el cortisol eres tú y tus tonterías: que si no te comas eso, que si te hables bien, que si duerme ocho horas, que si no veas tanto las redes sociales, que si… ¡Vale ya, jolines, contigo no se puede vivir!

Merche 1: pues eso vas a hacer. Como no te cuides, no llegamos al año que viene, ya verás tú… Te puedes seguir fiando de tu reloj de muñeca, ja, si eso no sirve para nada.

Merche 2: lo que me vas a provocar va a ser una depresión… No se puede vivir así, hay que disfrutar de la vida, comer lo que nos apetezca, despeinarnos y dejar la meditación para los monjes tibetanos, que esos tienen mucho tiempo.

Merche 1: claro, ¿y sabes por qué tienen mucho tiempo? Porque están sanos, porque no comen porquerías de esas y se cuidan.

Merche 2: eso no es vida, estar todo el día pendiente de la báscula, de hacer meditación, de beber ocho vasos de agua, de comer lechuga, ¡¡eso no es vida!! La vida está en los placeres diarios, en los pequeños placeres, comerse una nube por ejemplo te alegra el día…

Merche 1: no puedes supeditar tu felicidad a comerte una golosina o un trozo de tarta, eso es muy superficial. Estar bien consigo misma, tener un cuerpo que encaje en nuestro patrón de vida, eso es lo que da felicidad a largo plazo, que es de lo que se trata.

Merche 2: el patrón de vida lo marcas tú, claro. Como te haga caso, a la mierda el patrón ese de vida. Hay que darse caprichos de vez en cuando, comer lo que nos gusta y reírnos de nuestro propio cuerpo cuando nos miremos al espejo. Que tengo michelines, pues genial, así floto…

Merche 1: ¡ay lo que ha dicho! ¡No le hagas caso! ¡No la oigas! No nos podemos reír de nosotras mismas, eso es perdernos el respeto, debemos hablarnos bien, querernos, de lo contrario nuestra autoestima sufrirá las consecuencias.

Merche 2: ¿sabes lo que te digo? Que como no se coma un trozo de tarta, la autoestima se va a ir a la mierda y tú con ella.

Merche 1: no tienes principios, no sabes estar en el mundo… Yo sé lo que hay que hacer, lo que es bueno para ella, lo que de verdad importa.

Merche 2: claro, y tú sí sabes lo que hay que hacer, eres la experta, la que todo lo hace bien, la que se preocupa por su salud física y mental… Si no se come un mísero trozo de tarta, estará todo el día dándole vueltas, se pondrá de mal humor porque la tiene aquí delante y no la va a probar. En su lugar, se hartará de lechuga y se pasará la noche meando, con lo que no podrá dormir las ocho horas. Mañana tendrá ojeras, no le saldrá nada y verá tartas por todos lados… A ver, pazguata, recapacita un poco y hazme caso…

Merche 1: mmmm, quizá, no sé, tal vez, puede ser que un poquito de razón lleves… No pasa nada por un trocito pequeño de tarta, está bien darse pequeñas recompensas de vez en cuando, ¿no?

Merche 2: ¿ves? Tú misma lo dices con tu rollo zen ese, es una pequeña recompensa, no se va a hinchar de tarta. Es probable que cuando se coma un trozo ya no se vuelva a acordar de ella. ¡Venga! ¡Olvídate de todo! Disfruta de tu tarta preferida.


Merche: no quiero tarta que me duele una muela…

Merche 1: ¿qué ha pasado?

Merche 2: ¿y eso?

Merche 3: chicas, no todo es blanco o negro, también hay otros colores, ja ja ja ja ja ja ja.




Mercedes Soriano Trapero
Foto: canva


01 abril 2025

Momo. Reseña.

 


Ficha bibliográfica

  • Autor: Michael Ende
  • Editorial:   Alfaguara, serie roja, 58ª edición (2000)
  • Idioma: ‎ español
  • Tapa blanda: 255 páginas
  • Género: ficción
  • Edad recomendada: a partir de 10 años


  •                                                  Sinopsis
    "Momo es una niña muy especial que posee la maravillosa cualidad de hacer sentir bien a todo aquel que la escucha. Pero la llegada de los hombres grises, que pretenden apoderarse del tiempo de las personas, va a cambiar su vida. Ella será la única en no dejarse engañar por ellos y, con la ayuda de la tortuga Casiopea y del Maestro Hora, emprenderá una aventura fantástica contra estos ladrones de tiempo".


                                                            Opinión

     Este es un libro que nunca pasa de moda, además de que es un libro que no tiene edad, quizá Ende lo escribió para el público infantil, pero en realidad es un libro para mayores. Con el telón de fondo de una historia en apariencia sencilla, fácil, sin pretensiones, y con una niña de unos 10 o 12 años como protagonista; el autor se saca de la manga, con una maestría asombrosa, una crítica a la sociedad de consumo y una reflexión sobre el tiempo, nuestro tiempo, magistral. Imposible dejarte indiferente. 

    Creo que es la segunda vez que lo leo y puedo decir que me ha gustado más que la primera vez que lo leí y, posiblemente, lo leeré en un futuro una tercera vez y me gustará más que las anteriores veces, por lo que digo, porque es un libro que no pasa de moda y que, cuanto mayor vas siendo, más reflexionas sobre su contenido y, quizá, más te lo tomas en serio. 

La obra trata muchos temas:

💥La falta de tiempo.
💥El consumismo.
💥La soledad.
💥El egoísmo.
💥Lo superficial de la fama.

Y en el plano positivo:
💦La esperanza.
💦La imaginación.
💦La paciencia.
💦La valentía.
💦El amor.
💦La amistad. 

    El tiempo aparece representado por los hombres grises que, en realidad, no son personas de carne y hueso, sino seres de humo que se consumen si sus cigarrillos se apagan. Una metáfora perfecta del tiempo. Con ellos aparece también los temas del consumismo, que Ende lo cuenta con una historia sobre una muñeca que Momo encuentra y la multitud de accesorios que lleva, siempre queriendo más y más; y los temas de la soledad y el egoísmo, son personajes solos y egoístas, su única misión es robar el tiempo a los humanos en su propio beneficio. 

     La superficialidad de la fama aparece cuando Gigi, amigo de Momo que cuenta historias, se hace famoso con sus historias. Era lo que quería, ser alguien gracias a su pasión y a su imaginación; sin embargo, pronto descubre que la fama no le hace feliz, que la verdadera felicidad residía cuando inventaba historias para Momo, para hacer feliz a Momo. Personalmente, junto con la propia protagonista, Gigi es mi personaje favorito, pues me siento representada en su papel de "contador de historias" y en su imaginación. Supongo, también, que el propio Ende es, igualmente, un reflejo de este personaje. Y es que, el tiempo y los hombres grises, son enemigos de la imaginación y de "perder el tiempo" contando historias. 

    De una belleza extraordinaria es cuando aparece la tortuga Casiopea, cómo conduce a Momo hasta el maestro del tiempo Horas y lo que este cuenta sobre el tiempo, las flores de las Horas, etc.  Desborda imaginación, creatividad y belleza narrativa. Con estos capítulos se vislumbra ya el final del libro y lo que Momo conseguirá para vencer a los hombres grises. 

       Es un libro que, como comento en este último párrafo, va ganando en intensidad conforme avanza. El principio es, quizá, un poco difuso hasta que sabemos los derroteros que el autor va a coger. Aparecen también al principio algunas historias paralelas, los cuentos que cuenta Gigi y el libro se convierte entonces en historias dentro de una historia, al estilo de Las mil y una noches o El Conde Lucanor

  El vocabulario empleado no es infantil, pero se entiende perfectamente, no es difícil para ningún tipo de lector. El protagonista, a pesar de su corta edad, tampoco aparenta la misma, pues su personalidad es totalmente arrolladora y su capacidad de escucha y paciencia para los demás, te hace quererla desde el principio.  

Algunas frases que destaco del libro son:

👉"El tiempo es vida, y la vida reside en el corazón". 

👉“Porque cada hombre tiene su propio tiempo. Y solo mientras siga siendo suyo se mantiene vivo".  
👉“Si los hombres supiesen lo que es la muerte ya no le tendrían miedo. Y si ya no le tuvieran miedo, nadie podría robarles, nunca más, su tiempo de vida". 

 Y el acertijo que el maestro Horas propone a Momo:

“Tres hermanos viven en una casa:
son de veras diferentes;
si quieres distinguirlos,
los tres se parecen.
El primero no está: ha de venir.
El segundo no está: ya se fue.
Solo está el tercero, menor de todos;
sin él, no existirían los otros.
Aun así, el tercero solo existe
porque en el segundo se convierte el primero.
Si quieres mirarlo
no ves más que otro de sus hermanos.
Dime pues: ¿los tres son uno?,
¿o sólo dos?, ¿o ninguno?
Si sabes cómo se llaman
reconocerás tres soberanos.
Juntos, reinan en un país
que ellos son. En eso son iguales".

     ¿Lo adivinas? No te lo digo, por si no has leído el libro y lo quieres hacer. 

      Es, en definitiva, un libro maravilloso que recomiendo al cien por cien. Te atrapará casi desde la primera hoja y no podrás parar de leer hasta que llegues al final y ver qué pasa con Momo y los hombres grises. Eso sí, si tienes tiempo y los hombres grises no te han atrapado ya a ti...





28 marzo 2025

¿A ti también te adelantan la hora?


Inauguramos sección en el blog: monólogos: pequeños textos (o no) con ciertos toques reales (o no) y mucho humor (o no, según tenga el día).

 



¿No os ha pasado alguna vez que parece que vivierais en un estado de adelanto continuo de tiempo? Sí, al estilo del adelanto de hora (que, por cierto, sufrimos este fin de semana, por lo menos en España). A ver, me explico:


Resulta que un día estás en el supermercado y se te ocurre comprar algo, algo que no sueles comprar a menudo, pero que ese día, desde la estantería, el producto en cuestión te está llamando a voces:


―¡Llevame (con acento argentino, de ahí que no ponga tilde) a casa! ―Sí, para los que tenemos cierta edad como aquel anuncio de Rodolfo langostino, ¿era Rodolfo? Ya, claro, he dicho para los que tenemos cierta edad, se puede comprobar perfectamente mi falta de memoria.


Pues eso, el producto en cuestión te llama y entonces recuerdas, ―a veces mi memoria funciona, otro signo del paso de los años―, esa receta que has visto en una red social que tenía una pinta estupenda y que quisiste hacer pero no tenías el producto en cuestión. Sí, ese que te está llamando a voces… De repente, las papilas gustativas se activan, recuerdas la receta, coges el producto, piensas que en cuanto llegues a casa lo haces y…


Pasan tres años.


Lo que digo, no sé en qué momento, ―con lo bonito que parecía todo en el supermercado―, llegaste a casa, guardaste el producto; como estabas cansada no hiciste la receta y de pronto han pasado tres años y vuelves a encontrar el producto, en tu despensa, escondido detrás de los botes de conservas que, como su nombre indica, se conservan tan bien que se adueñan de cualquier armario y no dejan ver lo que hay detrás de ellos… Y tu memoria, ―la memoria a largo plazo que funciona mejor que la de corto plazo―, te recuerda la receta, te recuerda que lo compraste, pero piensas: ¡ah, sí, esto lo compré el otro día para hacerlo con esa receta tan maravillosa que vi!… ¡¿El otro día?! ¡¿El otro día?! ¡Han pasado tres años! Y el producto está caducado, más que caducado, lo abres y aparece el polvo del Sáhara o una momia, dependiendo del producto. Y piensas: pero si esto lo compré el otro día, ¿ya han pasado tres años? ¡No puede ser! No recuerdo que hayan pasado tres años. ¿Qué he hecho en estos tres años? ¿Por qué no he vuelto a recordar este producto? ¿Y la receta? ¿Qué era lo que iba a hacer con él?


En serio, ¿no os ha pasado?


O ese yogur caducado que compraste el mes pasado y lleva en la nevera un año…


A ver, en serio, a mí o me adelantan el tiempo o los productos se cambian la fecha de caducidad al llegar a mi casa:


―Esta no me va a comer, eso te lo aseguro, ahora mismo me pongo que estoy caducado… ―Se dicen unos a otros mientras dormimos.

―Je, je… Tú sí que sabes, pulpo a la gallega… Ponme a mí también caducada, a ver si me tira y vuelvo al mar… ―Comentan las almejas chilenas.


Ahora pensaréis que lo de la caducidad es un eufemismo y tal, que no pasa nada por comerse algo con la fecha pasada… Si al abrirlo te encuentras el yogur con los lactobacillus pegádonse con otras sustancias no apetecibles flotando te aseguro que no te lo comes. Pero es que yo lo compré el mes pasado, en serio, fue el mes pasado.


Bueno, pues así con todo.


Entro a la habitación, dejo un jersey en una silla, de repente esa silla cobra vida propia y atrae la ropa mía, de mi marido y de toda la vecindad y cuando me doy cuenta ¡¡el jersey se me ha quedado pequeño!! Pero si lo puse el otro día ahí, pienso, es imposible que de ayer a hoy haya engordado tanto… ¡No puede ser! Si no como porque tengo todo caducado, ¿cómo es posible? Eso es la lavadora que me encoge la ropa… (De esta ya hablaremos otro día).


Y del color de las paredes, ¿qué me decís? Que pasan del blanco al blanco roto en un mes…, sí, sí, en un mes… Pintamos el mes pasado y mira cómo está todo, ―le comento a mi marido―. Y me dice que han pasado dos años desde que pintamos toda la casa. ¡¿Dos años?! ¿Y qué he hecho yo en estos dos años? ¿Dormir? Porque mi casa antes era blanca, y ahora tiene un color entre el blanco, el blanco roto ―claro, se ha roto―, y lo que es peor, el sepia, como las fotos antiguas… ¡Ay, madre! ¡Me han abducido los extraterrestres y no me he enterado!


Así con todo, ¡¡me adelantan la hora!! ¡¡Siempre!!


En fin, tendré que poner post-it que me recuerden que esto lo he comprado hoy y hay que hacerlo ya. También intentaré reducir a las conservas, sí, reducirlas literalmente, para que no se adueñen de la despensa. Empezaré por esa lata de mejillones que lleva ahí desde el siglo pasado, con deciros que son parientes lejanos de Rodolfo, les haré una llave de karate a ver si consigo exterminarlos…


Y vosotros, cuidado con el cambio de hora y el adelanto de tiempo que, sin darte cuenta, pasan cinco años. Ya veréis, ya, dentro de poco leeré este texto y será 2030.








Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay