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04 abril 2026

Cómo cambiar de casa y no morir en el intento.

 


Aunque el título de este monólogo está muy manido ya, es la pura realidad. En los últimos tres meses he estado de mudanza, he cambiado de domicilio y de ciudad, de ahí la ausencia de entradas y/o de escritos en el blog, pero hoy he dicho: o escribo o escribo, sí o sí, se acabó ya la ausencia de letras en mi vida y olvida por un momento los trastos que tienes todavía sin colocar. Y aquí va este monólogo.

Y de repente un día tomas la decisión de cambiar de casa, acercarte al lugar en el que trabajas para depender menos del coche y tus días empiezan a sonar así: números, cifras, inmobiliarias, burocracia y cajas, muuuuuchas cajas.

“¿En qué momento de mi vida necesité eso?”, me pregunto un día sí y otro también. Algunas de esas preguntas acaban en la basura, otras en internet a la venta y solo una pasa la criba y aparece en mi nueva casa. Compramos objetos en función del espacio que tenemos y no nos damos cuenta de que muchos de ellos no son necesarios, pero sí eran necesarios en el momento en que los compraste… ¿Por qué? Era otra etapa de tu vida, misterios sin resolver.

Pero lo mejor de todo es que por fin vas a poder deshacerte de aquello que no tirabas por diferentes motivos, aunque no te gustase: el por si acaso; regalos de personas cercanas; la típica figurita regalo de tu tía abuela y lo que metiste en un cajón y olvidaste. Es decir, ya me froto las manos por la limpieza que voy a poder hacer, me voy a liberar hasta del karma como se ponga tonto…

Y es que esas acumulaciones te roban energía, también, sin darte cuenta pasas del orden al desorden ordenado y esto no es bueno para la creatividad. ¿Os he dicho ya que es muy importante fomentar la creatividad? ¿No? Mira que me extraña, pero lo repito una vez más: es imprescindible para el cerebro, para el desarrollo íntegro de la persona y para evolucionar (y no involucionar) desarrollar nuestra creatividad y para que el cerebro no se te quede como una uva pasa, por supuesto.

Superado el momento “anuncio”, seguimos. Tras localizar la casa, acomodarte y empezar a mover trastos de allí para acá, otro momento álgido del proceso es cambiar tu dirección de toooodos los organismos públicos, privados y ni se sabe en los que estamos inscritos. Un PROCESO con mayúsculas. Por suerte, hoy en día está todo muy “modernizado” y se puede cambiar en un sitio y ya este sitio te cambia de todos los sitios, así tal cual, con esta palabra comodín que ha quedado muy clarita. Aunque eso sí, hay sitios y sitios, por poco me quedo en el sitio en el proceso, pero bueno, aquí sigo.

Mis marcianitos también tuvieron que cambiar de hogar y, al igual que yo, tras rehacerse de las incertidumbres iniciales, la cosa, después, evolucionó jocosa y convenientemente.

Superado el momento “anuncio” dos, seguimos. Ahora mi casa tiene hasta eco, la nueva, vivo con lo mínimo indispensable hasta que, poco a poco, aparezcan las cajas. Tan pronto pienso que no me voy a traer nada más, cuando de pronto me acuerdo de una cosa que necesito, que utilizaba, que es indispensable, etc. Mi criterio de lo que es absolutamente necesario en mi vida va cambiando por momentos, según me despierte.

En definitiva, después de todo, allí, a unos pasos, empiezo a ver la luz y una mudanza no es tan mala como la pintan en un primer momento. Solo necesitas un poquito de tiempo y miles y miles y miles de cajas de paciencia. (Si me echáis de menos por el blog, pensad que seguro que me he quedado dentro de una caja, no sé si para vivir).

¡Ah! ¡Se me olvidaba! Tengo muuuuuuuuuchos libros (no me refiero a mis lecturas) sino a mis libros, a esos que he escrito yo y no sé si sabéis que los vendo. Los podéis encontrar en mi web: merchesoriano.es o en amazon (yo recomiendo mi web que así os mando un detallito y, además, el libro irá firmado que nunca se sabe si algún día mi firma se revalorizará y costará una millonada).

Ya, lo sé, momento “anuncio” tres, es que, como he dicho, estoy de mudanza y me sobran libros y me falta espacio. A ver, que se me entienda bien: me sobran los libros que vendo, no mi biblioteca personal, esta tiene un lugar preferente en mi casa (como mis peces).



Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay


16 diciembre 2025

¡Oh pintoresca Navidad!

 




Se acerca la Navidad, otro año más, pero yo tengo la sensación, cada año que pasa, que somos más…, más…, pintorescos (por no decir otra palabra más fuerte o añade tú la palabra que quieras). Es decir, ¿no se nos está yendo de las manos? Vamos, digo yo, aunque solo sea un poquito… Me explico:


1. Cada vez llega antes, cuando estás de vacaciones ya te anuncian los décimos de Navidad y aparece el gorrito rojo en ese momento en el que tú estás pasando más calor que el leño de la estufa y en lo que menos piensas, precisamente, es en gordos y en Navidad.


2. Después llegas a casa, vas al supermercado y…, ¡¡ya hay polvorones!! Yo dudo si serán los del año pasado o son ya de temporada. Quizá es que mezclados con un helado pasan mejor. Diría Pamplona con uno en la boca, pero yo sigo con el mismo calor y solo la abro para tomar refrescos con mucho hielo.


3. Y hablando de mezclas raras, aparecen los turrones, justo detrás de los polvorones. En mi infancia había tres sabores: el blando, el duro y el de chocolate. Ahora lo hay de naranja con zanahoria; chocolate con pistacho; piña con miel… ¿y de lentejas y judías? ¿O eso eran los helados? ¿O los polvorones? El caso es que cada vez más raros y, oye que está bien eso de innovar sabores, pero es que no me da la Navidad para probar tanto turrón o se inventan un par de fiestas más o a mí no me llegan.


4. Dejamos las comidas y aparecen las tradiciones. Comencemos con los calendarios de adviento, ¿y estos de dónde han salido? ¿En qué momento decidimos que era bueno romper un cartón cada día para hacer más llevadera la espera antes del día 24? Un cartón, claro está, con las sorpresas más raras, (no os hablaba yo al principio de pintorescos…, pues eso). Los hay de chocolate, quizá los más normales (y baratos), pero también de joyas, coches de juguete, piezas de lego, productos de maquillaje, cremas y hasta figuritas de capibara con diferentes elementos…, ¿capibaras? ¿Hay capibaras en España? (Según Google, en zoológicos y parques temáticos). Y digo yo, ¿por qué sería interesante tener un calendario de adviento de capibaras? Sinceramente, no lo acabo de ver… Pero eso sí, caemos, y las redes sociales se llenan de gente abriendo sus calendarios de adviento que, algunos de ellos no tienen uno, ni dos, ¡¡ni tres!! ¿Por qué es necesario abrir sorpresas antes del día 24? ¿Por qué? Da igual, al final, caemos…, es inevitable…


5. Claro, hay que tener ilusión por que llegue el día 24 porque…, ¡¡¡viene Santa Claus!!! Espera, espera, espera, me he perdido, ¿pues no era Jesús el que nació el día 24? ¿Y este quién es entonces? En mi portal del Belén no aparece, como no esté detrás de la vaca y el buey, yo no lo veo por ningún lado… ¿Y dices que hace la misma función que los Reyes Magos? ¿Entonces es un paje suyo que viene de adelanto? Será porque no pueden sus majestades con tanto regalo y este les va dejando algunos regalos antes…


6. Y hablando de personajes pintorescos (no, no voy a hablar del Grinch, me niego), aparece ahora un elfo travieso que todas las noches hace trastadas y cuando se levantan los niños ven lo que ha hecho… Y digo yo…, ¿esto es necesario? Pero si los niños ya están muy ilusionados con tantas luces y adornos, repito con taaaaantaaassss luuuuuccceeesssss y adornos, no es necesario más y, además, algunos se traumatizan con las trastadas del dichoso elfo. Se ven, en los miles de vídeos que hay en las redes sociales, a los niños llorando y tirando al elfo a hacer puñ...etas. ¿Y los padres? ¿Es que nadie piensa en los padres? No tenían suficiente con simular las pisadas de los camellos que ahora, encima, tienen que inventarse cada noche una trastada, hacerla, dejar la casa hecha una m…, y luego, después de que lo vea el niño en cuestión, limpiar la travesura del elfo de las na...ri...ces y volver a hacer lo mismo tooooodas las noches… Esto no está pagado. En el carnet de padre y madre se les olvidó mencionarlo.


7. Y si todavía quedan ganas hay que decorar las casas, claro. No sea que no tengamos suficiente con las miles, digo, millones de luces y adornos que pueblan nuestras ciudades, y los camellos se distraigan y no encuentren nuestra casa, justamente por eso, por falta de adornos. Desempolva el árbol, el Belén y desenrolla las luces, pon todas las que puedas en la fachada, hay que hacer competencia al vecino y no te olvides de simular el espíritu navideño, aunque sea 2 de diciembre y estés ya de la Navidad hasta el mismísimo… Luego en enero ya llegará la factura de la luz, tú ahora ponlas de tres de la tarde a siete de la mañana; si luego vas al trabajo con complejo de luz de emergencia es tu problema, ponte un antifaz.


8. Pero esto no era suficiente adorno, ni las calles, ni las casas, no era suficiente porque ahora se adornan…, ¡¡¡los coches!!! Ayer me adelantó una furgoneta que parecía que se había escapado del Polo Norte. Y posiblemente sea así, sería el transporte del adelanto del adelanto del adelanto de Santa Claus...


¿Es o no es pintoresca la Navidad de ahora? A mí me tienen estresada entre unas cosas y otras, todavía no he puesto los adornos en mi casa y creo que pronto va a sonar el timbre y me voy a encontrar al elfo, a Santa y a los Reyes en la puerta pidiéndome explicaciones. Y si no son ellos, será el presidente de la comunidad de vecinos pidiéndome que abandone la casa por falta de espíritu navideño. En mi defensa he de alegar que yo espíritu, espíritu, lo que se dice espíritu, lo tengo, pero no sé si navideño la verdad… ¿Algún rey mago, o en su defecto santa claus, en la sala que me recuerde las ilusiones de la Navidad, por favor?



Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay


10 noviembre 2025

Mi amiga la lavadora.

 




Se me acaba de estropear la lavadora… No sé si alegrarme o entristecerme, no sé si es un momento bueno para encontrar otro electrodoméstico similar que no sea tan bellaco como el que tenía o, por el contrario, se repetirá la misma película. Cosa que es muy probable porque todas son de la misma familia y esto, no hay lugar a dudas, se hereda.


Pues sí, pensaréis, ¿por qué tienes tan mala opinión de la lavadora si es el mejor invento de la historia? Todavía me cuenta mi madre, a veces, cuando iban a lavar al arroyo del pueblo cargadas de ropa, una pastilla de jabón y acababan con callos en las manos del agua fría y de restregar la ropa. Y sí, es verdad, la lavadora nos hizo ahorrar tiempo, esfuerzo y nos enseñó a comprar más ropa, porque como ya la lava la lavadora, podemos tener más hatos (o outfit, como se dice ahora), no como antes que había un traje para la semana y otro para los domingos (los sábados no contaban). No sabemos lo que tenemos.


Visto así debería tenerle un cariño especial, pero es que es una malvada, irresponsable y chula. Así, con todas sus letras y, es más, añadiría que con premeditación y alevosía.

Primero, ¡me encoge la ropa! Ese vestido que me gusta tanto y que solo lleva una puesta, después de pasar por ella, ¡encogido! Por lo menos una talla. Y no, no soy yo que he engordado, no puedo engordar tanto en una semana. Además, con los disgustos que me da, lo raro es que no esté ya como una sílfide. Eso en mi ropa porque la de mi marido…, ¡la ensancha! El jersey que le regalé para su cumpleaños no se lo pone porque dice que caben dos en él, yo juraría que le estaba bien cuando se lo compré. Estoy más que segura que ha sido la lavadora que lo único que pretende es que la dejemos tranquila y no le demos trabajo. Como si lo viera, solo le falta poner un cartel de “cerrado por descanso del personal”; porque el de “lávalo tú si quieres” ese ya me lo ha puesto con las indirectas que me lanza con la ropa… No se puede ser más malvada y cruel.


Otra cosa en la que es experta es en los botones, tú la pones en lavado corto, media temperatura, que no centrifugue y cuando vas a ver si ha terminado ya que estaba en el programa corto, ha puesto media hora más, la temperatura al máximo y las revoluciones más altas que todos los coches de fórmula uno juntos. Te echas las manos a la cabeza, le gritas (es inevitable perder las formas) e intentas cancelar el lavado y…, ¡no se puede! Y la tía, encima, se regodea y te hace una señal con sus luces como diciendo “no querías que lavase, pues toma dos tazas, ¡ah!, y me quedan diez minutos”. Conclusión: la ropa sale más arrugada que toda la plantación de pasas y te ves a la plancha que empieza a hacer las maletas para huir de la casa por acoso laboral y es que ya se imagina la que le espera. No deben ser de la familia porque así no se trata al personal, hombre.


No hablemos tampoco de los detergentes, no le gusta ninguno a la señora. Si lo echo en el cajón de los detergentes no se lo lleva; si lo echo en el tambor no disuelve la pastilla y si lo echo en líquido no sé si se lo bebe ella o lo tira cuando me doy la vuelta, porque la ropa sale como si la hubiera lavado en el Amazonas y con un olor a tigre que echa para atrás. Si es de marca porque te dice que ella no es pija; si no tiene marca porque a saber qué me habré pensado yo que es… ¡No la entiendo! Ya he llamado a la universidad a ver cuándo empieza el curso de lavadoras porque me veo repitiendo...


¿Y de los robos? ¿Qué me decís de los robos? Porque estoy segura, y no es cosa mía, de que a vosotros también os desaparecen los calcetines. Par de calcetín que entra, par de calcetín que sale divorciado. He llegado a pensar que son ellos que han discutido y cada uno ha cogido una dirección, pero…, ¡todos los pares! Si es así voy a tener que contratar un servicio de psicólogos de calcetines porque esto ya no es normal. El caso es que aquí no he claudicado, he dicho, o ella o yo, y le sigo metiendo los calcetines, si no los quiere porque dice que huelen mal, que se aguante, yo no me quejo de sus incansables ruidos y me tengo que aguantar. Me da igual, además ahora se lleva un calcetín de cada color, así que voy hasta a la moda, ¡ja!, se va a pensar esta que puede conmigo. Y encima la tía disimula y todo, el otro día vomitó un calcetín, se quedó en el tapón del filtro. ¡Qué teatrera es! Nos dimos cuenta porque perdió mi marido las llaves y pensamos que se habían quedado en un bolsillo y por eso abrimos el filtro, si lo llego a saber ni lo desmonto y que se hubiera quedado con la indigestión, así la próxima vez se lo piensa antes de robar lo que no es suyo. También nos encontramos algunas monedas, lo que corroboró su fama de cleptómana, si está visto, no se libra de nada la muy canalla.


¡Ah! ¿Y de ruidos? ¿Cómo andáis vosotros? El día que a todo el bloque le da por hacer la colada, tenemos a los vecinos de enfrente asomados a la ventana oyendo el concierto. Está la del segundo que arranca como los antiguos seiscientos y la del cuarto, haciendo honor a su piso, dentro de poco estará en la luna. La mía según le dé, pero próximamente la presento a un casting de fórmula uno, creo que encaja a la perfección.


Por último y ahora que nadie nos oye, lo del mito erótico ese de hacerlo encima cuando está centrifugando, ¿me entendéis, verdad? ¿Qué tal lo lleváis? Porque yo la miro centrifugando y…, la verdad es que no me seduce mucho…, si pruebo acabamos los dos en el hospital con rotura de pelbis. Además de que el ruido ese no “pone” nada la verdad.


En el fondo, la voy a echar de menos, ¿ahora con quién voy a discutir?, tendré que enfadarme con el robot aspirador. Aunque creo que la que compre será de la misma calaña, seguro, porque tienen tela las lavadoras…



Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay
Dedicado a Flossy




22 julio 2025

Me he venido arriba.

 




Os habéis fijado en la gran cantidad de frases hechas que hay, sí, esas coletillas que decimos sin ton ni son, ¡vaya! Se me acaba de escapar una…

Su uso depende mucho del contexto y es preferible, si se utilizan, hacerlo en el lenguaje oral, en un tono coloquial, ya que en el lenguaje escrito dan sensación de pobreza léxica y ausencia de vocabulario. Aunque yo diría que es más bien lo contrario, que aportan riqueza léxica ya que hay cada frase hecha que ríete tú de Einstein con lo que sabe mi abuela de remedios caseros… ¡Vaya! ¡Otra vez!

Pues eso, lo que decía, que hay frases hechas que tienen un no sé qué, que qué sé yo… Y solo con decirlas ya te ríes, demostrando que, a veces, su uso es muy beneficioso para la salud.

Por ejemplo, estás más confundido que un camaleón en una fábrica de confeti… Ja, ja, ja, ja, no me digáis que no tiene gracia. Estás con un amigo y este te empieza a hablar de que ha conocido a una chica, pero ayer conoció a otra y que no sabe cuál le gusta más y que las dos le tiran los trastos (esta también tiene su aquel) y que no sabe qué hacer y bla, bla, bla. Lo oyes, pero no lo oyes, porque es más pesado que una vaca en brazos (esta es buena) y entonces le lanzas la frasecita: estás más confundido que un camaleón en una fábrica de confeti. Y con esto lo que quieres decir es: tío, no me des más la brasa que eres más tonto que mear contra el viento (esta no se la dices, solo lo piensas, no sea que se vaya a enfadar y te tengas que volver andando a casa y no está el horno para bollos).

Con la frase en cuestión cambias de conversación en un abrir y cerrar de ojos, vamos en un santiamén, o lo que es lo mismo, en menos que canta un gallo… Aunque esto habría que verlo, porque el gallo de mi barrio se pasa toda la noche cantando, tiene más peligro que un mono con una metralleta.

En fin, que después de soltar un par de frases de esas, o las que se tercie, te vienes arriba y ya no hay quien te frene, ni siquiera un elefante entrando a una cacharrería. Y empiezan a salir sin orden ni concierto, porque, en el fondo, estás como una cabra en un garaje… Hasta que llega el mono de turno y te corta las alas explicando a pie juntillas lo que significa de forma literal alguna de esas frases hechas.

―No me extraña que utilices esas frases hechas, el lenguaje no es lo tuyo o lo que es lo mismo no es flor para la boca de un asno.

―A otro perro con ese hueso, flor de té, porque tú tienes la lengua muy larga y yo no tengo pelos en la lengua… ¿Está claro?

Ahora me diréis que tengo más cuento que Calleja, pudiera ser, pero en lo único que pienso es en la riqueza de nuestro idioma, es como una flor en medio del desierto y es que a nadie le amarga un dulce y si este tiene que ver con las palabras y encima te ríes, pues…, ¿por qué no usarlas? Aunque, eso sí, no vayáis a escribir una novela triste, de muertes, de acción o de miedo y escribáis algo como: tengo el corazón en un puño… Créeme, ahí no sirve esa frase porque entonces todos los muertos de vuestra novela se van a levantar y van a huir de la misma como alma que lleva el diablo (y nunca mejor dicho).

Sí, yo también me voy, que ando más liada que la pata de un romano. No, lo siento, el romano no es familia mía por lo tanto no lo puedo sobornar para que me deje desliarme. ¡Hasta luego, cocodrilo! Me voy volando en mi unicornio. Nos vemos en los sueños.



Mercedes Soriano Trapero



05 mayo 2025

Necesito papel higiénico.

 



El otro día me tocó hacer la compra semanal y en mi lista iba apuntado el papel higiénico. Lo necesitaba. No tenía otra opción.

Por suerte había en la estantería del supermercado, pero noté cómo la gente me miraba con estas palabras en sus ojos: “otra comprando papel higiénico”. Casi me pongo un cartel diciendo que no tenía, que me quedaba un rollo dentro del armario y otro puesto, que lo necesitaba, que no era cuestión del covid o del apagón, ¡¡es que no tenía!!

Esto me llevó a hacerme una serie de preguntas:

¿Por qué se agotó el papel higiénico en su día, cuando el covid? ¿Por qué ahora con el apagón vuelve a suceder más o menos lo mismo? ¿Es un producto de primera necesidad?

Ya sabemos lo que fuentes oficiales dijeron al respecto, pero vamos a olvidarnos de esas fuentes, pensemos entre todos, de la forma más absurda posible, por qué desapareció y por qué es lo primero en desaparecer del supermercado en época de crisis…


Se me ocurren varias propuestas:


1º Es una hoja estupenda para pintar, tú extiendes un rollo de papel higiénico en el pasillo, dejas ahí a los niños con las ceras y a pintar un paisaje eterno. Cuanto más largo sea el pasillo mejor y cuanto más malo sea el papel mucho mejor, de esos papeles que hay que parecen lija, que piensas que se han equivocado y han puesto el cartón del medio como papel y el papel suavecito como rollo… Pues de esos, que los hay…


2º Utilizar el papel higiénico como servilleta, o para limpiar, te dura dos segundos, pero bueno, da igual, tienes un rollo entero. (Si, total, tienes el armario lleno desde el covid).


3º Para los próximos carnavales un disfraz de momia queda ideal con papel higiénico. Lo que no sé es si llegarás al desfile de carnaval o te irás desmembrando por la calle; aunque, pensándolo bien, da un poco igual, más verosimilitud al disfraz.


4º Decoración de Navidad, fiestas de cumpleaños, eventos varios. Ya no necesitas guirnaldas, ¿para qué? Está el papel higiénico, lo puedes decorar, pintar, trenzar, etc., y te queda una guirnalda de lo más original. Serás el número uno en decoración de fiestas. Que luego la fiesta se desmadra, os sienta mal el pastel, pues con solo tirar de las guirnaldas matas dos pájaros de un tiro: el de limpiarse el… y el de limpiar la casa después del sarao, todos los asistentes colaborarán quitando los adornos.


5º Necesitas ir a una gala y no tienes vestido o traje que ponerte, no te preocupes, coge papel higiénico, se lo pegas a un vestido antiguo tuyo y ya tienes un nuevo outfit. También puedes ir con el de momia de los últimos carnavales, pero depende del evento, quizá es demasiado monstruoso según qué fiestas claro.


6º Que los niños te están dando mucha guerra, a apresarlos con papel higiénico, tú les dices que es un nuevo juego (para que luego no te denuncien por malos tratos) y los envuelves en papel higiénico, boca incluida. Obviamente, no les hará ningún daño, y los niños encantados pensando que los vas a disfrazar de rollo de papel higiénico.


7º Tienes que ir de boda, sustituye el típico arroz por trocitos de papel higiénico. No hace daño y luego se limpia mejor que el arroz, un poquito de agua y se disuelve todo. Eso sí, no elijas el de marca blanca, el que comentaba antes para pintar, que entonces te detienen por provocar un desastre ecológico.


8º Como arma arrojadiza, nada mejor que llevar un rollo de papel higiénico en el bolso. Que te intentan robar, les tiras el rollo, no les harás daño, pero la gente se percatará de que algo malo pasa, no se suele ir tirando por las calles rollos de papel higiénico así como así… Que luego el ladrón te denuncia por malos tratos, le dices al juez: señoría, el papel higiénico no hace daño, yo solo intentaba llamar la atención. Y todos tan contentos.


9º ¿No tienes grandes adornos ni esculturas en tu casa? No te preocupes, una escultura de papel higiénico es lo mejor del mundo mundial. Combinas varios rollos y te creas una escultura que ríete tú del MOMA de Nueva York. Tus amigos fliparán cuando la vean. Inconvenientes: quizá no te dura mucho, pero…, ¿y qué? Así cambias.


10º Como valla protectora, necesitas que tu mascota no entre al salón para que no lo llene todo de pelos: valla de rollos de papel, lo suficientemente alta para que no salte y, a su vez, que a ti te permita pasar. Es una frontera perfecta.


Después de todas estas situaciones, ahora comprendo por qué se acabó el papel higiénico en pandemia y ahora tras el apagón. Creo que voy a ir a comprar más al supermercado, en quince días tengo una boda y no tengo ningún modelito que ponerme…


¿Y a ti, se te ocurre algo más? ¡Tírate el rollo!


Nota aclaratoria: este texto no ha sido subvencionado por ninguna marca de papel higiénico.

Nota aclaratoria dos: la empresa no se hace responsable de que las propuestas sugeridas no funcionen.

Nota aclaratoria tres: si no te ríes, es tu problema, quizá es que tu papel higiénico es de marca blanca…



Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay




03 abril 2025

Vendo kits de supervivencia.

 



¡VENDO KITS DE SUPERVIVENCIA! ¡LOS MEJORES KITS DEL MERCADO! ¡BARATO, BARATO!


Los tengo de 48 horas, de 72 y hasta de una semana. Me adapto a sus preferencias, que quiere agua de los Pirineos, se la sirvo sin rodeos; que necesita una linterna mágica, aquí tengo esta barrica; o quizá un hato de emergencia, para pasar el rato por ejemplo… No se preocupe, tengo de todo. Y, además, si no puede desplazarse hasta mis instalaciones para adquirirlo, yo se lo llevo hasta su casa. Que va a estar en un búnker pues allá que me voy. Si estamos de emergencia, también, esquivo las bombas y llego hasta donde esté en un santiamén. Puede confiar en mí, tengo licencia de servicio firmado por el mismísimo Dios, además de inmunidad en todos los países del mundo y del extranjero. Dígame qué necesita y yo se lo sirvo, no hay otro mejor ni con un servicio tan completo.


Cliente 1: hola, necesito un kit de supervivencia, el básico.

―Por supuesto, el básico consta de una garrafa de agua del grifo; dos rollos de papel higiénico marca “nisu”; tres barritas energéticas; una bolsa de cacahuetes, sin pelar, por supuesto, para matar el tiempo pelándolos; una linterna, sin pilas, y una radio de bolsillo vía satélite.


Cliente 1: ¿qué precio tiene?

―Hoy los tengo de oferta, si se lleva tres, paga solo dos, al módico precio de 100€ más IVA. (Aunque, en confianza, si me paga en efectivo, nos olvidamos del IVA, ¿quién quiere pagar a hacienda en períodos de emergencia, verdad?).


Cliente 1: perfecto, en otro sitio me han pedido por lo mismo 200€.

―No me extraña, siempre salen aprovechados. Me ha caído bien, le regalo un par de rollos de WC más, que ya sabemos todos que con los nervios se nos puede soltar la tripa y quizá lo necesite…


Cliente 2: hola, yo quiero el kit de supervivencia premium.

―Usted sí que sabe, elegante, sofisticado, un kit que no pasa de moda, además de ser el más adecuado para guerras y catástrofes en general… Muy bien.


Cliente 2: sí, pero quería cambiar las garrafas de agua del Himalaya por cerveza, ¿puede ser?

―Por supuesto, faltaría más, además tengo ahora mismo una oferta que con la cerveza le regalo unas aceitunitas, con hueso y así puede aprovechar los huesos para extraer aceite de oliva o para calentarse, según lo requiera.


Cliente 2: ¡ah, qué útil! Me parece perfecto. Pues me llevo cinco kits, por favor.

―Marchando, cinco kits para el caballero…


Cliente 3: hola, me han recomendado que venga aquí a comprar el kit de supervivencia. No estoy nada puesta en esto de los kits, es la primera vez que compro uno, ¿me podría asesorar?

―Claro, por supuesto, faltaría más, para eso estamos… Somos líderes en el mercado de ventas de kits de supervivencia, no los encontrara en ningún otro sitio mejores ni más baratos. ¿Qué necesita saber?


Cliente 3: no sé, la verdad. ¿Qué me recomienda? Estoy yo sola con mi perro.

―Perfecto, tengo kits especiales para mascotas que constan de bolsita para cacas; papel higiénico, un rollo de la marca “can”; agua del río Amazonas que tiene más sustancia; pienso de gallinas, ideal para perros y un hueso de la momia de Tutankamon, pura proteína.


Cliente 3: vale, me parece bien. ¿Y para mí?

―Pues para usted tengo el kit de mujer de la talla M que consta de dos botellas de agua del grifo; un paquete de cereales con la leche en polvo, todo integrado ya; dos manzanas, en bolsitas; un rollo de carne mechada, la tengo con sangre y sin sangre, lo que prefiera, al mismo precio; un yogur con la fecha de caducidad infinita, ya puede estar mil años en el refugio que no va a cumplir; un paquete de macarrones; un rollo de papel higiénico; una linterna, sin pilas, y a elegir entre la revista Pronto o una radio de bolsillo.


Cliente 3: vale, prefiero la revista, pero no el especial guerras, que me va a deprimir, algo más alegre si puede ser.

―Claro, es comprensible, tengo el especial qué hacer después del bombardeo si sigue vivo.


Cliente 3: ah, sí, ese me parece perfecto.

―Muy bien, pues se lo pongo todo. Le regalo una gorra con la leyenda “he sobrevivido”.


Cliente 3: muchas gracias, qué detalle. ¿Estará aquí después para venir a darle las gracias?

―Sí, yo de aquí no me muevo, tengo licencia 007. Y si necesita algo, se lo llevo a su casa.


Cliente 3: perfecto, pues quizá lo llamo, estaré en el sótano.


¡ATENCIÓN, ATENCIÓN! ¡ÚLTIMOS KITS DE SUPERVIVENCIA! ¡ME LOS QUITAN DE LAS MANOS! ¡NO TE QUEDES SIN TU KIT! ¡LOS MEJORES DEL MERCADO CON LOS MEJORES PRODUCTOS! ¡SI TIENES NUESTROS KITS, DE HAMBRE NO MORIRÁS! Nota: la empresa no se hace responsable de otro tipo de muerte.


Que nunca nos falte el sentido del humor...



Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay







02 abril 2025

Yo y mis yoes.


 



Escenario: cocina, encima de la encimera hay una tarta y al lado golosinas.


Merche: ¡Anda! Y esta tarta, ¿quién la ha traído? Pero si también hay chuches, nubes, con lo que me gustan…


Merche 1: ¡no! No debes probar nada, además no sabes de quién es. Demasiada azúcar para el cuerpo y eso no es bueno.

Merche 2: ya está la aguafiestas… A ver si te enteras, quejica, la tarta y las nubes están en su cocina, si están aquí es porque alguien las ha traído para ella, se las puede comer.

Merche 1: claro, como tú desapareces cuando hay problemas, te da igual todo… Si se come la tarta, va a engordar y luego soy yo la que me tengo que comer sus lágrimas porque no le entra el bikini del año pasado… ¡Ah, no, a mí no me das la brasa, que ya nos conocemos!

Merche 2: ¡qué exagerada! ¿Cuándo ha llorado ella por unos kilos de más? ¿Cuándo? Eso es salud, a ver si te enteras de una vez, porque luego adelgaza y se le queda cara de acelga y ojeras y todo el mundo le dice que si le pasa algo malo… ¡Cállate ya! Cómete un buen trozo de tarta y no oigas a esa.

Merche 1: pesará sobre tu conciencia…

Merche 2: a la mierda la conciencia…

Merche 1: no debes hablar así, tenemos que hablarnos bien, porque si no nos queremos a nosotras mismas, ¿quién lo hará?

Merche 2: ¡bueno! Y ahora el sermón zen… Mira pazguata, como no se coma un buen trozo de tarta por tu culpa, yo misma seré la que te destroce, con meditación o sin ella, pero te quito de nuestro camino a la voz de ¡ya! ¿Me has entendido?

Merche 1: mmmm, por aquí hay una que necesita alejarse del cortisol, eso es por la Coca-cola, te dije ayer que no bebieras tanta Coca-cola, que luego te pones como una moto…

Merche 2: mi cortisol está perfecto, me lo ha dicho el reloj de la muñeca, 15 % de estrés marca. Además, la que me sube el cortisol eres tú y tus tonterías: que si no te comas eso, que si te hables bien, que si duerme ocho horas, que si no veas tanto las redes sociales, que si… ¡Vale ya, jolines, contigo no se puede vivir!

Merche 1: pues eso vas a hacer. Como no te cuides, no llegamos al año que viene, ya verás tú… Te puedes seguir fiando de tu reloj de muñeca, ja, si eso no sirve para nada.

Merche 2: lo que me vas a provocar va a ser una depresión… No se puede vivir así, hay que disfrutar de la vida, comer lo que nos apetezca, despeinarnos y dejar la meditación para los monjes tibetanos, que esos tienen mucho tiempo.

Merche 1: claro, ¿y sabes por qué tienen mucho tiempo? Porque están sanos, porque no comen porquerías de esas y se cuidan.

Merche 2: eso no es vida, estar todo el día pendiente de la báscula, de hacer meditación, de beber ocho vasos de agua, de comer lechuga, ¡¡eso no es vida!! La vida está en los placeres diarios, en los pequeños placeres, comerse una nube por ejemplo te alegra el día…

Merche 1: no puedes supeditar tu felicidad a comerte una golosina o un trozo de tarta, eso es muy superficial. Estar bien consigo misma, tener un cuerpo que encaje en nuestro patrón de vida, eso es lo que da felicidad a largo plazo, que es de lo que se trata.

Merche 2: el patrón de vida lo marcas tú, claro. Como te haga caso, a la mierda el patrón ese de vida. Hay que darse caprichos de vez en cuando, comer lo que nos gusta y reírnos de nuestro propio cuerpo cuando nos miremos al espejo. Que tengo michelines, pues genial, así floto…

Merche 1: ¡ay lo que ha dicho! ¡No le hagas caso! ¡No la oigas! No nos podemos reír de nosotras mismas, eso es perdernos el respeto, debemos hablarnos bien, querernos, de lo contrario nuestra autoestima sufrirá las consecuencias.

Merche 2: ¿sabes lo que te digo? Que como no se coma un trozo de tarta, la autoestima se va a ir a la mierda y tú con ella.

Merche 1: no tienes principios, no sabes estar en el mundo… Yo sé lo que hay que hacer, lo que es bueno para ella, lo que de verdad importa.

Merche 2: claro, y tú sí sabes lo que hay que hacer, eres la experta, la que todo lo hace bien, la que se preocupa por su salud física y mental… Si no se come un mísero trozo de tarta, estará todo el día dándole vueltas, se pondrá de mal humor porque la tiene aquí delante y no la va a probar. En su lugar, se hartará de lechuga y se pasará la noche meando, con lo que no podrá dormir las ocho horas. Mañana tendrá ojeras, no le saldrá nada y verá tartas por todos lados… A ver, pazguata, recapacita un poco y hazme caso…

Merche 1: mmmm, quizá, no sé, tal vez, puede ser que un poquito de razón lleves… No pasa nada por un trocito pequeño de tarta, está bien darse pequeñas recompensas de vez en cuando, ¿no?

Merche 2: ¿ves? Tú misma lo dices con tu rollo zen ese, es una pequeña recompensa, no se va a hinchar de tarta. Es probable que cuando se coma un trozo ya no se vuelva a acordar de ella. ¡Venga! ¡Olvídate de todo! Disfruta de tu tarta preferida.


Merche: no quiero tarta que me duele una muela…

Merche 1: ¿qué ha pasado?

Merche 2: ¿y eso?

Merche 3: chicas, no todo es blanco o negro, también hay otros colores, ja ja ja ja ja ja ja.




Mercedes Soriano Trapero
Foto: canva