Estaba seguro de que ya no volvería, de que esa estación sería su último destino, de que el tiempo había llegado a su fin y había partido. Ya no regresaría, lo sabía, ni siquiera por él, ya no. Su reloj, con dos minutos de retraso en sus manecillas, le había jugado una mala pasada y, cuando llegó, ya no estaba, se había marchado, sin él, y ya no volvería, porque esa era su última estación, su última parada, el último tren del día.
Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay

Dos minutos que quizá marcan el resto de toda una vida.
ResponderEliminarYa te digo...
EliminarGracias Cabrónidas.
Un abrazo. :)
Hola Merche, ¡por dos minutos! ¡Qué tristeza debió de sentir! El tiempo asesino de sueños. Abrazo fuerte, me gustó mucho.
ResponderEliminarHola, Ana, muchas gracias.
EliminarUn abrazo. 🤗
Hola Merche, yo tenía un profesor que decía que el que llega puntual llega tarde. Me alucina la facilidad para comunicar con tan pocas lineas. Fantástico. Un abrazo.
ResponderEliminarHola, Javier, gracias. Cuesta comunicar con tan pocas líneas, pero a veces sale.
EliminarUn abrazo. 🤗
¡Cuánta profundidad en este pedazo de vida! Muchos abrazos Merche.
ResponderEliminarMil gracias, Maty.
EliminarUn abrazo. 🤗
La vida siempre cambia y en cuestión de segundos, minutos...
ResponderEliminarComo siempre Merche, dices tanto en tus escritos... Bravo.
¡Un abrazo gigante!
Muchas gracias, Yolanda, aunque esta vez fue corto, jeje.
EliminarUn abrazo. :)
Sin lugar a dudas no era su destino, muy bueno, corto pero dice mucho, abrazo grande Themis
ResponderEliminarMuchas gracias, Themis.
EliminarAbrazo grande. 🤗
Me ha pasado de quedarme tirado por perder el último tren. Un abrazo.
ResponderEliminarUna faena, sin duda...
EliminarGracias, Federico.
Un abrazo. 🤗
Qué dolor cuando afecta personalmente, Merche.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo :-)
Triste, Miguel, muy triste.
EliminarGracias.
Un abrazo. 🤗