04 junio 2023

Aquella ventana.

 


Relato para el VadeReto del blog Acervo de Letras




Hoy, un año después, he vuelto a mi antiguo piso, un octavo en una calle del centro de la ciudad, muy transitada y, lo que era peor, llena de edificios tan altos como el mío con los consabidos vecinos. Al entrar, no sé si por instinto o por esa vieja adicción que tenía, me he dirigido a la ventana, la famosa ventana que me hizo alejarme de aquella vivienda hasta llegar aquí en medio del campo, en medio de la nada, sin otras ventanas, sin otros vecinos. Estaba cerrada a cal y canto, tal como la dejé, con la persiana bajada por donde se colaba, únicamente, un hilito de luz y el eco del tráfico en la calle. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, en aquella habitación era donde escribía y donde día tras día, me asomaba a la susodicha para comprobar la vida que bullía en el exterior y que contrastaba con la nula vida que había en el interior, de la casa y de mi vida.

No era feliz, tampoco lo soy ahora, pero vivo más tranquilo, aunque no sé si eso era lo que necesitaba. Por aquel entonces, hacía cinco años que mi mujer había muerto y yo, con 70 recién cumplidos, me afanaba en encontrar un sentido a la vida, escribiendo, encerrado entre esas cuatro paredes con solo esa ventana al exterior. Aunque bajaba de vez en cuando a la calle, intentaba no relacionarme con nadie, hasta que apareció ella.

Un día de otoño, cuando los días comienzan a hacerse pesados anunciando el invierno y las luces en las ventanas se multiplican a tempranas horas, en la fachada de enfrente, un piso por debajo, surgió una silueta de mujer a través de las cortinas. Melena larga, morena, delgada, sensual y, aparentemente atractiva, además de joven, entre 30 y 40 años. A su lado, se veía una silla y en ella estaba colgando con suavidad la ropa que se iba quitando, de una manera voluptuosa, casi sexual diría yo, quizá alegrándose por la gente que pudiera observarla a través de las ventanas y yo, escondido, cumplía su propósito a la perfección. Poco a poco, se quitaba la blusa, después la falda y se quedaba en ropa interior de espaldas, dejando bien visibles sus encantadoras curvas, su marcada silueta, su redondo trasero y se desabrochaba el sujetador, volviéndose, entonces, ligeramente, para disfrutar de sus marcados y sugerentes pechos, turgentes y voluminosos. Mi respiración entrecortada, mis ojos como platos y una erección de la que ya no recordaba que pudiera pasar, me llevó a mis años jóvenes y a las mujeres que habían pasado por mi vida que, por suerte o por desgracia, no habían sido muchas. Con todas disfruté e hice que disfrutaran del mismo modo que yo, las adoré en su momento y hoy su recuerdo me consuela.

Ese día, la mujer de mi ventana me dejó con ganas de más, con muchas ganas de más, y sin saber qué hacer, para relajarme me di una ducha y obvié lo que mi entrepierna me pedía. Pero había destapado la caja de Pandora y empecé a pasar más tiempo mirando por la ventana que sentado en el escritorio escribiendo y sí, mi vecina me complació al día siguiente y casi todos los días del mes siguiente, hasta el punto de que me obsesioné con la ventana, con mi vecina y con el sexo, algo que ya había olvidado y de repente había surgido de nuevo.

Estaba convencido de que ella sabía que yo la espiaba, de que ese juego de seducción era para mí, incluso, de que oía lo que yo desde mi ventana le pedía a gritos: coloca los pechos en el cristal, hazlo, mientras te acaricias tu gran melena, como si yo estuviera detrás de ti, tocándote con vicio… Y ella lo hacía, por pura casualidad tal vez. Yo solo la veía de cintura para arriba en ese momento y solo si se alejaba un poco de la ventana, podía verle un poco el trasero. No era necesario más, mi imaginación hacía el resto. La deseaba y quería hacer con ella en la ventana el espectáculo que todos los días me dedicaba. ¡Cómo me gustaba!

Así que, un día, una mañana, me armé de valor y me planté en la puerta de su edificio con un ramo de flores, a la espera de que saliese. Y lo hizo y yo la abordé, intentando mirarla a los ojos, aunque era difícil, y ser todo lo cortés que mi erección me permitía. Cual fue mi sorpresa al comprobar que ella accedía a tener una cita conmigo, esa misma noche, en un restaurante cercano. Ese día no quise ni mirar por la ventana, no quería ver el vestido que se ponía para mí, ni la ropa interior que después pensaba quitarle, por lo que bajé la persiana y mil veces tuve que resistir la tentación de subirla. Todo el día anduve nervioso por la casa, expectante, excitado.

Y llegó el momento de la cena, juntos nos dirigimos andando al restaurante y, superados los momentos protocolarios de conversaciones triviales, le conté lo que cada día hacía desde mi ventana y ella, experta en hombres, me confesó que lo sabía y que lo hacía para mí, para que disfrutara, para que pensara en ella toda la noche y, quién sabe, en lo que podría hacerme con su sensual cuerpo. Ni en mis mejores sueños me hubiera esperado una declaración de intenciones así, me alarmé un poco y le pregunté si era prostituta, se rio y me dijo que no, que, simplemente, se había fijado en mí un día y que le gustaba. No podía ser, pero pensé que daba igual si no era cierto, que iba a disfrutar del momento fuera lo que fuera, que bastante amargado y solo vivía ya y, sobre todo, que me iba a dejar llevar por el placer pues así la vida me lo estaba regalando.

Cenamos rápidamente y nos fuimos a su apartamento, lo primero que hice al entrar fui dirigirme a la ventana por la que yo la espiaba y bajar la persiana. Ella se rio, era encantadora, además de sensual, cariñosa y atenta conmigo, le confesé que estaba muy nervioso y me llevó al sofá, me ofreció una bebida y se dedicó a hacer lo que yo no era capaz, nos besamos apasionadamente y mis manos por fin reaccionaron, me dirigí a sus pechos, a los que ansiaba tocar desde hacía un mes, luego bajé a su trasero y después a su sexo. Tuve que tocar dos veces para comprobar si me estaba equivocando de zona, por mi atrofiada experiencia, pero no, allí estaba, un miembro duro, tanto como el mío, caliente y esperando a darle lo que el mío pedía. Automáticamente, me levanté del sofá y sin decir nada, me fui del apartamento, ruborizado, desilusionado, frío y asqueado. Al día siguiente, abandoné mi casa y me vine a vivir al campo, a una pequeña casita que compré con mi mujer, rodeado de naturaleza y a salvo de vecinas y vecinos.



Mercedes Soriano Trapero
Para el VadeReto



26 comentarios:

  1. Muy buen relato Merche, hasta el final me he llevado una auténtica sorpresa porque sabía que algo "malo" le iba a pasar al protagonista, pero creía que finalmente ella le adormecería y le robaría. Fantástico!
    Un abrazo.

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    1. Vaya Antonio, qué rápido, si no lo he publicado por ningún lado todavía... Me alegra que te haya gustado. Gracias por tu comentario. Un abrazo. 😊

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  2. Las apariencias engañan, y nunca mejor dicho. Menuda sorpresa, pero una vez en faena... igual hay que probar. Ahora su mujer estará más contenta, tal vez.
    Lo has hecho genial. Voy a mirar este reto, si me da la vida.
    Un beso y feliz tarde de domingo.

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    1. Bueno, jajajaja, él es un hombre chapado a la antigua, viudo, amante de las mujeres en su juventud y eso pues le sorprendió para mal... Gracias por tu comentario. Un abrazo. 😊

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  3. ¡¡¡Merche!!!
    Pero, pero, perooooooo... ¿Cómo has podido escribir esto? 😂😂😂
    En realidad, has hecho lo que ninguno nos atrevemos (yo al menos), contar lo evidente, como todas diréis, sobre todo si eres hombre asomado a una ventana. Has creado un relato erótico-sensual-sensitivo-realísimo.
    Pero lo has hecho con tanta elegancia, con tanto mimo, con tanta dulzura que levanta los vellos, no aquello. 😅😂
    Reflexionas, o haces pensar, sobre dos temas muy reales e interesantes: el sexo cuando envejeces y la reacción ante un contacto imprevisto de género. Supongo que tus dudas vienen por la reacción del protagonista a lo segundo. Pero creo que es algo que nos pasaría a todos. La sorpresa, la decepción, la destrucción de sus sueños y ese frío helado que, por su edad, le hace creerse cosas. Los que tenemos cierta edad hemos sido educados con muchos tabúes y cortapisas; intentamos abrir nuestras mentes, pero es algo muy muy difícil.
    Lo que ya no cuentas es lo que realmente pasa por su mente cuando regresa a esa ventana. ¿Tal vez se arrepiente de su reacción? ¿Quizás ahora cree que no le importaría seguir lo que empezó? Que cada uno siga la historia en su cabeza.
    Felicidades por este maravilloso relato y muchísimas gracias por atreverte a contarla. Entiendo tus dudas, pero por mi parte, se queda, con todo merecimiento, en el VadeReto y en el Acervo.
    Un abrazo

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    1. Hola José Antonio, mis dudas eran dos efectivamente, una lo erótico, por si me había pasado (reconozco que quité muchas palabras que no me parecían adecuadas, más que nada porque no tengo el blog restringido y me daba cosa que me acusaran de pornográfica como poco) y otra por la reacción del hombre, no es repulsa ni asco hacia ese otro género, creo que se queda bien explicado con su reacción y posterior explicación: un hombre de otra generación, amante de las mujeres y con otra idea en la cabeza, ni juzga ni censura, solamente no estaba preparado para eso, nada más. Por eso la historia la terminé ahí, para no dar pie a segundas interpretaciones. Con su reacción de irse a vivir al campo lo que da a entender es que siente vergüenza, pero no vergüenza ajena (cada uno es como es) sino propia, porque se había imaginado otras cosas y no se dio cuenta de lo evidente ni desde la ventana ni cuando la vio en persona.
      Gracias por tu animosa respuesta. Yo sé lo que escribo y cómo lo escribo, pero luego la interpretación de la gente es muy diferente y a veces dudas. El relato es solo una anécdota más que puede ocurrir.
      Un abrazo. :)

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    2. Efectivamente, Merche.
      Creo que todo se entiende tal y como has querido transmitirlo.
      El final de la Historia la veo perfecta. Siempre me gusta un final abierto o con posibles ramificaciones en la mente de cada lector.
      Con respecto a la interpretación de la gente, ya sabes cómo va hoy en día el tema de los "ofendiditos", da igual lo que tú quieras transmitir, cada uno lleva su propias fobias a cuesta.
      Te vuelvo a felicitar y comparto por RRSS. ABRAZO

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    3. Muchas gracias por tus amables palabras. Espero que la gente lo vea así, tal y como es, y no piense otras cosas (y si las piensa, pues ellos verán, pero no es la realidad). Un abrazo. :)

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  4. Qué bueno. Ambos corrían el riesgo de que no pasara nada. Uno por callar lo que era. El otro diría que por ingenuo.

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  5. ¡Mercheeee! Me has dejado sorprendida. Has escrito un muy buen relato erótico, con un final sorprendente. Te seré franca, yo que tu protagonista me hubiera quedado, experimentar un poco, ¡quién sabe y a lo mejor le gustaba! Los convencionalismos nos limitan mucho, pero entiendo su reacción. Al final quedó igual de solo y triste pero seguro que recordará esa experiencia. Me encantó Merche, lo has escrito muy bien, sin caer en lo vulgar. Enhorabuena.

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    1. Hola Ana, me alegra que te gustase. Al hombre le pilló el suceso ya mayor y para él era demasiado, jeje. Muchas gracias por tus palabras. Un abrazo. 😊

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  6. Hola Meche , un buen relato pero yo pienso que jamás debió de a esa casa.
    Este se pensó que se lo pasaría bien y casi le dan para el pelo.
    es muy sutil , a mi me a gustado mucho el hombre era un hombre integro. jaajajajaja
    Saludos de flor.

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  7. Hola, Merche, que gran relato erótico con todo lujo de detalles, que nos va llevando de ventana a ventana cada noche. El final tenía dos opciones y el hombre había vivido su sexualidad solo en una dirección. Me ha encantado porque no te conocía en esta faceta.
    Mi voto por supuesto.
    Un abrazo!

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    1. Hola María Pilar, bueno, la ventana me dio pie a ello. Sí tengo varias cosas escritas de este estilo, pero nunca me he atrevido a sacarlas, no sé si alguna vez lo haré... Gracias por tu comentario. Un abrazo. :)

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  8. Como siempre, un relato estupendo! Bien narrado, detallado y en su justa medida. Felicidades!
    Un abrazo gigante, Merche 🤗

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  9. Tremenda sorpresa se llevó tu protagonista! Y que gran decepción! Su deseo no le dejó ver lo evidente! Pero cuando la imaginación se pone en marcha, ya no hay quien la pare! Por otro lado, el inicio y desarrollo del relato es muy sensual y sugerente!

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  10. Hola Marlen, muchísimas gracias por tus palabras, animan y mucho. Tus preguntas te las resuelvo en un instante, vuelve momentáneamente a su casa de la ciudad (a coger ropa, dar una vuelta, nada más), cuando está escribiendo ese "recordatorio" lo hace desde su casa en el campo, por eso pongo al final "me vine a vivir al campo", quizá esto lo debería haber matizado un poco más. Él solo está recordando esa escena porque al ir por la mañana a su otra casa y ver la ventana, se acordado de la historia y por eso la escribe, pero no ha vuelto para siempre.
    Ya decía yo que no veía los signos de admiración ahora en mi teclaro... jajajajaja
    Muchas gracias Marlen, de verdad, muchas gracias. Un fuerte abrazo. :)

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  11. Ja ja ja. ¡¡Merche, qué bueno!!
    Yo me pensaba que al final todo iba a ser un sueño, pero nooooo. ;-)
    Lo que le ha pasado a este hombre es que tiene 70 años, si llega a ser un joven de hoy día hubiera sabido aprovechar muy bien el momento.
    Aplausos y Abrazo grande.

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    1. Hola Amaia, sí, seguro que más joven lo aprovecha. Muchas gracias. Un abrazo. :)

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  12. Un relato super bien escrito que creo habla de las fantasías. Cómo éstas superan la realidad. Después lo real decepciona.Y es lo malo de vivir sólo con la imaginación, aunque quizá el hombre no podía acompañar con el cuerpo....
    Muy interesante tu propuesta!!
    Besos

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  13. Hola Merche, que sorpresa me llevé, un final que no esperaba, mucho menos con erotismo incluido. Excelente historia. U placer leerte. Un abrazo

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