La noche me respira en el cuello,
me marca su oscuridad
clavándose en las entrañas
como el surco de la tierra arada.
Inevitable, me hincó de rodillas
postrada ante sus rayos opacos
pidiendo ver a través
si no de ella, al menos de mí.
Nubes aletean a mis costados
que, hirientes, aspiran a colarse
entre los pliegues de mi carne
para colmarse de mi alma.
Ni una ni otras lo conseguirán,
me aferro al viento
que sé que abrirá mis alas
en el momento justo.
Y me aferro a ti
que tienes las manos abiertas
esperando
esperándome...
Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay

Parece que podrá más la libertad en pleno vuelo que la posesión noctámbula de la Luna y de las nubes. Me gusta la atmósfera que creas en esta interesante poesía.
ResponderEliminarUn abrazo, Merche.
Muchas gracias, Marisa.
EliminarUn abrazo. 🤗
El vuelo, esa ansias de abrir las alas y surcar el infinito sin nada que nos retenga. Bella, Merche, abrazo grande Themis
ResponderEliminarMuchas gracias, Themis.
EliminarAbrazo grande. 😊
Hay algo en esos versos que se te queda pegado... esa sensación de estar al borde del abismo y, sin embargo, no caer.
ResponderEliminarLa noche como amenaza, las nubes que intentan colarse por dentro... todo eso suena muy real, muy humano. Pero lo importante, lo verdadero es el final. Ese aferrarse al viento, a la espera de alguien con las manos abiertas. Ahí está todo. No es rendición, es confianza.
Un poema que habla de resistencia sin gritar. Y eso, a veces, es lo más poderoso. Un abrazo
Muchas gracias, Javier. Esa confianza es lo fundamental.
EliminarUn abrazo. 🤗
Merche, qué lindo! Esta bella poesía encierra muchas cosas... Demasiadas. Es apabullante, derramaste tu ser aquí. ¡Gracias! Y abrazos 🌹🤗🌹🤗
ResponderEliminarMuchas gracias, Maty.
EliminarUn fuerte abrazo. 🤗
Se utiliza la noche como una alegoría de la muerte. El viento es el que nos salva de ella. Muy buenos versos. Saludos
ResponderEliminarMuchas gracias, Federico.
EliminarUn abrazo. :)