30 mayo 2024

Peligro. Prohibido bañarse en el río.

 

Relato para el VadeReto del blog El Acervo de Letras





El pueblo se llenó de turistas. La jornada dominguera de mayo invitaba a pasar el día en la naturaleza. El río, después de las últimas lluvias, discurría pletórico y el cielo, con su majestuoso sol, invitaba, incluso, a bañarse en las cristalinas aguas. Y así ocurrió, poco a poco los turistas entraron en el agua. Reían, gritaban y se hacían fotos sin ver lo que en el fondo había.

Un pescador de la zona les advirtió de que no era buena idea permanecer en el agua, pero los turistas lo desoyeron, ya que, entre las piedras, solo había unos pequeños pececillos que, curiosos, nadaban ajenos a los pies humanos. Eran inteligentes y no serían pisados.

El pescador se marchó relatando y los turistas, atraídos aún más por esos simpáticos pececillos, entraban al agua. Estos animales, espoleados por la cantidad de gente que inundaba el río, acudían en masa saciando así la curiosidad insana de la muchedumbre.

Nadie, excepto el pescador, conocía lo que iba a ocurrir. Nadie esperaba un desenlace tan macabro.

De repente y sin dar lugar a la reacción de la gente, los simpáticos peces se transformaron en diabólicas bestias que, a pesar de su reducido tamaño, mordían la piel de las personas generándoles una parálisis inmediata. Uno por uno fueron cayendo al agua y, una vez aquí, los peces les drenaban toda la sangre del cuerpo como auténticas sanguijuelas.

Un espectáculo dantesco tiñó de rojo el río, de negro el cielo y de morado el corazón de los pocos que, desde la orilla, contemplaban horrorizados lo que esos aparentes adorables pececillos hacían con las personas.

Los gritos alertaron a la población que, cerrando postigos y ventanas, se encerraron en sus casas hasta que la masacre terminara. Nada se podía hacer, ni siquiera después, ya que ni los huesos quedarían.

Los carteles lo anunciaban, el pescador les advirtió, pero los turistas no escucharon y el río se cobró su premio.



Mercedes Soriano Trapero
Foto: pixabay




16 comentarios:

  1. Merecieron ese final, sin duda. Las advertencias son para algo.

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  2. Wow, Merche.
    Ahora, ¿cómo me baño yo en el río de mi pueblo? (si tuviera río, si fuera pueblo 😂).
    Tal y como empezabas, pensaba que la trama iba a ir de esos pececillos que usan, creo que en Japón, para limpiar los pies. No sé si los has visto. Suponía que primero se comerían las durezas, luego la piel muerta, luego las uñas, luego... Leñe, que repelú, ya no me baño. 😅😝
    No voy a hablar del tema de los turistas que me llevó la catea, pero como dice Cabrónidas, si no respetan las advertencias...
    Enhorabuena, un relato impactante con un final moralizante.
    Muchas gracias por regalarlo al VadeReto.
    Abrazo grande.

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    1. Sí, he visto a los peces que comentas, mucho repelús como dices... Esto fue más por la invasión que se produjo del río en cuestión que te comenté en tu blog, no había advertencias, es cierto, pero si las hubiera habido si hubieran metido igual. Hay que respetar un poco el entorno, que digo un poco, un mucho...
      Gracias a ti.
      Un abrazo. :)

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  3. Las advertencias están para algo, un relato que advierte que hay que hacer caso a los carteles y ese pescador de la zona.
    Ellos se lo buscaron, y los peces cenaron para una larga temperada.
    Un abrazo Merche

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    1. Y tanto que para una larga temporada, jeje. Gracias Campirela.
      Un abrazo. :)

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  4. Las advertencias están para algo, pero siempre hay necios muy listos :-)

    Un abrazo

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    1. Demasiados necios en el mundo...
      Gracias Albada.
      Un abrazo. :)

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  5. Me recuerda a las películas de pirañas. Un abrazo.

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  6. Vaya historia, Merche, la dulzura de los pequeños pececillos que nadan despreocupados y lo que surge de ellos, ese final tenebroso y el darte que en un extremo se esconde el contrario y que las advertencias por algo están. Abrazo grande Themis

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    1. Es verdad, con lo dulces que son...
      Gracias, Themis.
      Abrazo. :)

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  7. Hola Merche, muchas de las muertes en los lugares turísticos son precisamente porque los visitantes, con un exceso de entusiasmo, ignoran las señales de peligro y los consejos de los locales. Tu cuento deja una sensación bastante peculiar al imaginar la escena. Me recordó todo lo que se dice de las pirañas del amazonas. En fin, un relato genial para el reto de José Antonio. Saludos.

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  8. Qué pececitos tan malignos... y qué turistas tan poco prudentes... Pero al fin y al cabo, eso es la selección natural... 🤦‍♀️
    Un abrazo.

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