10 julio 2024

Una receta extraordinaria (segunda parte).

 


Primera parte de esta historia aquí.


Volvieron a casa entusiasmados, deseaban volver a ver al duende, pero aún quedaba un mes para la próxima luna llena. No podrían aguantar tanto. Pensaron incluso en hacer otro duende, sin embargo, el molde había desaparecido, lo olvidaron en el bosque junto al roble después de que el duende apareciera y cuando volvieron a buscarlo ya no estaba. Se lamentaron por ese fatal error, sobre todo Mario que quería realizar un regimiento de duendes para llevárselos al colegio, así, los abusones se olvidarían de él pues tendría su ayuda.

Tampoco se ponían de acuerdo en el nombre, si Lucía decía uno a Mario no le gustaba y viceversa, más de dos veces acabaron enfadados y la abuela mediando entre ellos. Esta, además, les preguntó en varias ocasiones qué se traían entre manos, por sus constantes viajes al bosque y el nerviosismo incipiente que demostraban. A punto estuvieron de contarle la verdad, sin embargo no sabían si podían confiar en ella.

Por fin, el día de la luna llena llegó, con tan mala suerte para ellos que ese día amaneció lloviendo y, según las previsiones, así continuaría por varios días. Esto produjo que Lucía cogiera un gran resfriado y la abuela les prohibiera salir de casa. Lo peor que les podía pasar. Tuvieron que idear un plan para que, al menos, uno de ellos fuera a ver al duende y como Lucía no se encontraba bien, fue Mario el encargado.

Al llegar junto al roble, el duende ya lo estaba esperando, Mario lo divisó enseguida sentado en la rama donde lo viera por última vez, iba a decirle “hola” cuando…

―¡Achís!

―Gracias por el nombre, me gusta mucho.

―¡No, no! Eso era un estornudo, mi hermana está resfriada y creo que yo también lo he cogido… Tenemos un nombre para ti…

―Ya no puede ser, la primera palabra que pronunciéis sería mi nombre…

―Pero…

―Es cierto, eso no os lo advertí. Se me olvidó, la verdad es que los duendes no somos olvidadizos, pero no sé qué me pasa…

―Serían las nueces, no estaban maduras. Te queríamos llamar Luma, como las primeras letras de nuestros nombres.

―Sinceramente, me gusta más Achís…

―Pero eso no es un nombre, es un estornudo…

―¿Y qué más da? Seré el primer duende llamado igual que un estornudo. Y bueno, ya habéis hecho todo lo que podíais por mí, ahora debo irme.

―¿Ya? Pero nosotros te hemos creado, debes estar con nosotros y ayudarnos cuando te necesitemos.

―Vosotros no me necesitáis, hay otros niños que me necesitan más.

―Pero…, pero…, en el colegio…

―Cuando me necesites, solo tienes que llamarme y acudiré, pero solamente si es algo importante. Si me llamas y es una tontería, ya no volveré nunca más. ¿Lo has entendido?

―Pues vaya, pensaba que tener un duende era otra cosa.

El duende ya no pudo escucharlo, se fue sin despedirse si quiera y dejó a Mario muy desilusionado, además de tiritando de frío.

No obstante, en casa de la abuela le esperaba una sorpresa peor. Ella se había dado cuenta de su partida y ya salía a buscarlo. Como llegó con fiebre, se ahorró la charla y pudo meterse en la cama para olvidar lo ocurrido con el duende. Tan desilusionado estaba que, una vez recuperado, contó lo ocurrido a su hermana y a su abuela.

―Pues vaya duende más mal educado, encima que lo creamos nosotros, se larga y nos da la espalda. ―Se quejaba Lucía.

―Sí y, además, si lo llamamos y es una tontería no volverá más…

La abuela los escuchaba con atención y, finalmente, dijo:

―Ese libro me lo dio una bruja…

―¿Una bruja de verdad? ―Interrumpió Mario.

―No me interrumpas, por favor, que tengo que contaros una historia que os va a sorprender… Sí, una bruja de verdad. Cuando yo tenía más o menos tu edad, Mario, la encontré en el bosque junto al roble, hablaba con un duende y los descubrí a los dos. El duende desapareció al verme, pero ella se quedó y me explicó que solo las personas con ciertos dotes pueden ver a los duendes, a las brujas y el libro que vosotros visteis. ―Un “¡oh!” enorme salió de la boca de los niños―. Tenía magia y podía usarla u olvidarla en un rincón de mi corazón, no la creí, cogí el libro y lo guardé y casi me había olvidado de él hasta que vosotros lo descubristeis. Tenéis magia, supongo que mi hijo, vuestro padre, también, pero nunca hemos hablado de esto. Ahora, vosotros tenéis la llave de la misma y tal como la bruja me dijo, podéis usarla u olvidarla.

―¡Usarla, usarla! ―Gritó Mario entusiasmado, mientras Lucía asentía.

―Entonces tenéis que estudiarla. Una vida de retos os espera y de vosotros depende que sea gratificante o no. Debéis siempre elegir el camino correcto y…


―Así es. ―La bruja a la que se refería su abuela apareció en la habitación sorprendiendo a los tres―. Mi nombre es Luna, bruja de los nuevos aprendices. Vengo a devolveros vuestro molde y como os ha contado vuestra abuela a preguntaros si queréis acoger la magia u olvidarla. El duende que habéis creado demuestra que sois brujos, igual que vuestra abuela lo fue en su momento al poder vernos. Ella decidió olvidarla, aunque su semilla ha seguido latente en su corazón y de ahí que vosotros también lo seáis. Si aceptáis, un nuevo colegio os espera a partir de septiembre, dejaréis a vuestros amigos y vuestra casa, os mudaréis aquí y empezará vuestra nueva vida de magia.

―¡Aceptamos! ―Exclamaron los dos al unísono.

―Bien, pues seguiremos en contacto. Es mejor que no comentéis nada a nadie, pues ya sabemos que el resto de humanos no cree en la magia. Nos veremos dentro de un mes.


(Continuará)


Mercedes Soriano Trapero
Fotos: pixabay


13 comentarios:

  1. El camino de la magia no se puede hacer en solitario hasta donde yo sé, me alegro de que vayan a una escuela en donde aprenderán de buenos mentores a usar bien dicho don

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  2. Se puede creer o no en la magia, pero creo que también hay muchos corazones "intermedios", que de vez en cuando se dejan invadir por ello y eso puede tener que ver con el "ingrediente" infantil que todos llevamos dentro.
    Buena continuación del relato anterior. Y buena perspectiva para el próximo.
    Saludos.

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  3. ¡¡¡Merche!!!
    Vas camino de la novela. ¡Qué bueno!
    Ya me tienes enganchado con mi niño interior (el exterior no se ve por las barbas 😅😂).
    Me ha encantado el nombre del Duende. Original, divertido, inteligente, único... Además, nadie se dará cuenta y pensará que llevan un resfriado. ¡Maravilloso!
    Deseando saber cómo es la escuela y qué aventuras se encontrarán.
    Ni que decir tiene que estaré pendiente de la tercera, la cuarta y las partes que tú quieras escribir. 😜😝
    ¡Dale caña!
    Muchas gracias por ampliar el regalo para el VadeReto.
    Abrazo grande, grandón.

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    1. Me vine arriba, José Antonio, y he conseguido más lecturas a estos dos relatos por aquí por el blog que a cualquiera de mis libros, jajajaja, habrá que seguir entonces.
      Gracias.
      Un abrazo. :)

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  4. Hola Merche, la magia envuelve todo el relato. Me encantó el nuevo personaje, la bruja luna, que nada más y nada menos les ofrece plaza en el colegio de la magia y la fantasía... Dejas lar receta en el mejor punto. Te aplaudo. Un abrazo

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  5. Creo pertenezco a una linea de personas..... negadas para la magia..... quisera llorar, porque si me gustaria crear mi propia hada ..... je je.

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    1. La puedes crear, Jose, escribiendo, jeje...
      Gracias por pasar.
      Un abrazo. :)

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  6. ¡Pero qué genial! No me hubiese esperado una segunda parte así. Me ha encantado de verdad. Merche, tu creatividad! Sé que das muchas alegrías con ella. ¡Vaya imaginación! Espero lo que siga, con muchas ganas lo espero. Te dejo un super abrazo agradecido.

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  7. Merche, ¡qué bueno que lo continuaste! Me parece que tienes algo grande con esta historia. Me gustó el nombre del duende y cómo los chicos, bien entusiasmados, deciden acoger la magia. En esta segunda parte le agregaste misterio e ilusión al relato. Estaremos pendientes por si lo sigues extendiendo. Saludos.

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