Apareció antes de tiempo y ni siquiera le dio tiempo a pensar qué iba a decirle.
Se presentaron con un lacónico hola y se sondearon con la mirada. Los siguientes agonizantes segundos fueron una carrera en contra, del pensamiento y de la incomodidad. El primero bullía en sus mentes intentando escudriñar algo interesante que decirse. La segunda se presentaba en sus rostros y amenazaba con instalarse también en aquella conversación que no fluía. Quizá habían precipitado aquel encuentro.
Un tercero apareció al rescate, un pájaro oportuno, quizá movido por la curiosidad del instante, se posó en una rama cercana y depositó la digestión de sus tripas en el suelo, muy cerca de sus pies. Ni uno ni otro se habrían imaginado jamás que una mierda sería lo que les haría romper el hielo de ese encuentro.
Hermanos de madre, separados desde siempre y que ahora se encontraban por primera vez, al entrar en contacto a través de las redes sociales.
―¡Joder con el pájaro, por poco nos llena de mierda los pies!
―Ya te digo, ha debido comer bien porque menuda mierda nos ha echado.
―Ja, ja, ja, ja.
Y así comenzó aquella relación de hermanos, desconocidos hasta unos meses atrás, pero que las circunstancias les habían hecho encontrarse.
Años después, ninguno olvidó ese momento y ambos lo recordaban con una sonrisa. No tuvieron una infancia común, pero sí un futuro unidos y eso era lo más importante.

Creo, Merche que el encuentro iba a ser inolvidable, por dos motivos: por su inicial relación de confianza tras varios años pero, sobre todo, por el regalito del pájaro, jejeje. Eso te puede ocurrir incluso en la ciudad, la naturaleza es así. Pero qué gracia que les hiciera romper el hielo. Me ha resultado muy divertido leerte.
ResponderEliminarUn abrazo
Gracias, Marisa, me alegra que te divirtiera, a ellos también, jeje.
EliminarUn abrazo. :)
Luego dicen que la mierda, por sí sola, hace que nos alejemos de ella. Sin embargo, propició el acercamiento. La mierda y sus misterios.
ResponderEliminarTiene mierda el tema, sí, Cabrónidas, así es. 😉
EliminarGracias por tu comentario.
Un abrazo. 🤗
Me alegro que la mierda propicie bonitos encuentros. Solo espero que no sea de gaviotas, los que convivimos todos los días cerca de ellas y somos despertados por sus chillidos desaforados al amanecer preferimos tenerlas lejos.
ResponderEliminarUna mierda siempre une, jeje.
EliminarGracias.
Un abrazo. 🤗
Muy bueno Merche, inimaginable lo que uniría ese primer encuentro, un gusto leerlo y sobre todo esa gran sonrisa que nace con ello. Gracias, abrazo
ResponderEliminarMuchas gracias, Themis. Me alegra que te haya gustado.
EliminarUn abrazo. 🤗
Me gustó este encuentro. Siempre he amado la existencia de hermanos que lo son y que nunca olvidan aquello que los une. A veces sucede al revés: suceden los desencuentros después de una infancia feliz. En fin, cosas de la vida! Requete montones de abrazos! 🌹😍🤩
ResponderEliminarGracias, Maty, una historia diferente...
EliminarUn fuerte abrazo. 🤗
¡Qué bueno, Merche! Creo que nunca la cagada de un pájaro dio para tanto ingenio. Te felicito.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Mil gracias, Estrella. Es que las cagadas de los pájaros suelen ser muy oportunas.
EliminarUn abrazo. 🤗
¡Genial, Merche!
ResponderEliminarLa cagada de ese pájaro ha servido de catalizador para esa relación y tú como la demiurga de la historia.
Un fuerte abrazo :-)
Jajajaja, gracias, Miguel.
EliminarUn abrazo. 🤗